martes, 18 de agosto de 2020

La partida de ajedrez entre Stefan Zweig y Herman Hesse


La partida de ajedrez entre Stefan Zweig y Herman Hesse
Foto © de.chessbase.com

Son lugares donde el tiempo y el espacio se consumen, pero solo el café́ aparece en la cuenta.

Sentado sobre una elegante silla de madera curvada, barnizada de rojo, miraba; detrás de la ventana, la violencia del viento y el caer de la lluvia, que llamaba en los cristales.

Cerca de mí rincón, Herman Hesse y Stefan Zweig, disputaban una partida. El ajedrez colocado encima de la mesa resaltaba por la belleza de su fina madera, con la que las piezas estaban diseñadas, representando  a  seres de la vida cotidiana. Herman vestía una camisa con el cuello cerrado, chaleco y un arrugado traje gris, lo contario de Zweig que lucía aristocrático  y elegante.

A mis oídos llegaron sus palabras:

Esta  posición a la que hemos llegado -comentó  Hesse, señalando el tablero- me evoca la quinta partida por el campeonato de ajedrez entre  Emmanuel Lasker contra  Carl Schlechter, cuya sede fue Viena. Es sabido que  antes de iniciar esta partida, Carl quien no había comido por días, se desmaya, volviendo en si, por medio de las sales. La partida fue aplazada varios días, hasta que Schlechter, después de ser tratado de manera médica y alimentarse, se sintió repuesto.

Stefan menciono que supo del encuentro en 1910, -justo antes de que Sweig partiera a la India, mucho antes de establecerse en Salzburgo-, y  a continuación dijo: la primera parte del encuentro fue en el  club de ajedrez de la ciudad, así como en el  bello Café Marienbrücke 

A lo que Herman contesto: En 1911 intente viajar a la India en compañía de mi amigo el pintor Hans Sturzenegger pero se convirtió en un viaje a Indonesia; visitamos Penang, Singapur, Sumatra, Borneo y Burma. Tiempo después cumplí mi deseo de visitar este lugar. Mi viaje a la India se convirtió en una decepción. Tan alejada de los relatos de mi abuelo Hermann Gundert, que despertaron mi fantasía, sobre este país.

Tengo presente la noticia sobre el encuentro de estos dos ajedrecistas, que se efectuó  en Viena y en Berlín. En Alemania en el Hotel de Rome. Una de las partidas, me parece que la  décima, se prolongo por más de tres días. Según los diarios Schlechter necesitaba sólo un empate en la décima y última partida para ganar el título; pero combatió en busca de una victoria, Esta decisión que tan bien habla de él, lo condujo a la derrota. 

Stefan dijo: este suceso  me parece tema para un poema, un relato, la trama del libreto, de una obra de teatro. Carl Schlechter exteriorizaba una personalidad con la cual me identifico, le gustaba Viena;  era amante de la naturaleza, del arte y de la ciencia. Su juego enunciaba la  inmensidad y la simplicidad. Jugaba con su arte, como lo hace el viento con las hojas.

La creación sobrepasa el tiempo y el espacio. Pero el momento en el que se está produciendo es una incógnita. Nos hallamos ante un fenómeno extraño.

En 1910 me encontré en una joyería un broché, que no era otra cosa que un tablero de ajedrez de plata con esmalte opaco blanco y negro. Una soberbia joya. Esta creación me hizo ver una forma de arte, que no se basa en la ostentación, sino en lo extraordinario del  diseño. La genialidad del artesano y la presencia de la individualidad, me hizo recordar a Schlechter.

Carl se distinga por ser, una persona bondadosa, con un carácter tranquilo, amable. No importunaba a nadie con sus preocupaciones o sus inquietudes. Su sosiego se mostraba en su forma de hablar, en la serenidad de sus actos, incluso en su andar. Todo el mundo le quería. Considerado, su personalidad era callada y pacífica;  generoso brindaba su amistad a los demás; sociable pensaba en el bien de los otros, y como un buen hijo, colmaba de amor a su madre.  En 1910 Carl tenía 36 años de edad y vivía con su madre una violinista  y con su hermana Lena.


Carl Schlechter.

Fue el más fuerte representante de la escuela de ajedrez de Viena,  hizo suyas las enseñanzas de Steinitz. Fue un maestro con las virtudes de un caballero; entre ellas su gran sentido del honor y de la rectitud. La humanidad y el refinamiento artístico se mostraban en su modo de vivir y de jugar.  Sus juegos, como el que le dio  gran fama contra Bernhard Fleissig, son fruto del arte, de una  sensibilidad artística que lo encumbró. Su  espíritu simboliza una era que ya desapareció.

La respuesta de Herman fue: Me recuerda a un asceta que contempla la naturaleza, medita y retorna a  la contemplación.  Yo amo la soledad, amo el entorno; las montañas, los ríos, los lagos, los desfiladeros, el mar, el cielo, las nubes, las flores, los árboles, los animales. Suelo como lo hacía Carl, recluirme durante largas temporadas, huyendo del mundo y refugiándome en mi propio interior. Siendo como soy un soñador, un ser holgazán y fantasioso, me gusta estar en algún rincón perdido en contacto con la montaña o con la playa. La soledad para mí es independencia.

La vida apacible de la naturaleza se me ha vuelto cada vez más familiar, en ella puedo perderme completamente de vez en cuando. Por eso espero con impaciencia el comienzo de la primavera. Cuando comienza la temporada de calor y uno puede permanecer echado sobre la hierba el día entero, o medio día, siento que ha llegado mi época, y sacrificaría toda la literatura por una nube hermosa o el trino de un ave.

Una misma divinidad actúa en nosotros y en la naturaleza, y si el mundo exterior desapareciese, cualquiera de nosotros sería capaz de reconstruirlo, pues la montaña y el río, el árbol y la hoja, la raíz y la flor, todo lo creado en la naturaleza está previamente creado en nosotros, proviene del alma, cuya esencia es eternidad, esencia que escapa a nuestro conocimiento, pero que se nos hace sentir como fuerza amorosa y creadora. 

Yo vivo esa oscura nostalgia por la naturaleza, por la tierra y la vegetación. Soy un santo que ama a todos los hombres, y en la práctica un egoísta, que quiere que lo dejen en paz.


Hermann Hesse.

Zweig interviene: He vivido los veranos más exuberantes y hermosos, con su cielo, de un azul sedoso; con el aire, dulce y sensual, los prados, fragantes y cálidos. Los bosques, oscuros y frondosos, con su joven verdor; el hermoso bosque quebrado por colinas.  El cielo sin nubes sobre, los castaños y el viento entre los árboles, llenos de los trinos.

Emanuel Lasker era también un amante de la naturaleza, pasaba temporadas disfrutando los paisajes veraniegos, recorriendo el campo. Nombrar a Lasker me trae a la memoria a Einstein. Los dos son  grandes amigos.

A Albert no le atrae el ajedrez, a su parecer la meta principal del juego consiste en abatir al adversario mediante la aplicación de distintos triunfos y engaños, lo cual espiritualmente le disgusta. Además revela que después de un día de trabajo, no desea pensar más, y que de tener tiempo para el ocio, y el descanso, elegiría el navegar.  Albert testifica que la monotonía y la soledad de una vida tranquila estimulan la mente creativa. 

Se rumorea que Lasker, únicamente para complacer a su amigo Albert invento un juego que denomino “Laska” una variedad de Ajedrez y Damas. Donde las piezas no son “comidas” sino que son hechas presas. Su liberación depende si la pieza que las ha capturado es a su vez hecha prisionera. Triunfa quien captura a la totalidad de las piezas del adversario. La idea del juego surgió en Lasker, al escuchar una conferencia del profesor de matemáticas Göttingen Edmund Landau.  En 1911, en la ciudad de Berlín se produjeron para la venta al público los primeros juegos.

El Prof. Baudet  un destacado ajedrecista y violinista  se interesó por el juego de Lasker. Resultó que el alumno aventajó al maestro; pocas veces Lasker pudo vencer al Profesor, quien fue Presidente Fundador de la Asociación Laska en La Haya y  organizó el primer torneo nacional de este juego en los países bajos. Por desgracia el profesor murió un día antes de iniciar la competencia y el  certamen se suspendió. Desconozco si hubo algún otro intento por desarrollar otro concurso.

Sweig retoma al tema: Schlechter desarrollaba sus fuerzas, como lo hace la naturaleza, aparentemente sin objeto. En su juego no había lugar para trampas o los planes ocultos. El plateaba un sano desarrollo sin prisas, sin aferrarse a  una idea fija. La armonía era su sello. Sus combinaciones fueron como flores silvestres, escondidas en el bosque y el mayor placer esta en dilucidarlas. En sus partidas se encuentra el arte, la música de Viena, las grandes combinaciones de los maestros clásicos y el juego posicional de los jóvenes maestros. Esta apreciación no es mía, es de Richard Reti. La enunció poco después de morir Schlechter

El misterio de la creación artística, el estado de concentración absoluta es el elemento ineludible de toda creación, pues toda creación verdadera sólo acontece cuando el artista se halla hasta cierto grado fuera de sí mismo o en éxtasis. El ajedrez es el único juego entre los ideados por el  hombre que escapa soberanamente a cualquier tiranía del azar, y otorga los laureles de la victoria exclusivamente al espíritu, o mejor aún, a una forma muy característica de agudeza mental.  Una obra que no se desvanece, como una flor; que no muere, como el hombre; sino que sobrevive a nuestra época y a todos los tiempos por venir. Tiene la fuerza de durar eternamente, como el cielo y el mar.

Stefan Zweig.

De todos los misterios del universo, ninguno es más profundo que el de la creación. Nuestro espíritu humano es capaz de comprender cualquier transformación de la materia, pero cada vez que surge algo que antes no había existido nos vence la sensación de que ha acontecido algo sobrenatural, de que ha estado obrando una fuerza sobrehumana. No vive solo el tiempo de su existencia propia, porque lo que creó y realizó sobrepasa la existencia de todos nosotros y la vida de nuestros hijos y nietos. Ha vencido la mortalidad del hombre y ha forzado los límites en que, por lo común, nuestra vida queda encerrada inexorablemente.

¿Por qué estos artistas no nos explican la experiencia más importante de su vida? ¿Por qué no nos describen su modo de crear? La fórmula verdadera de la creación artística no es inspiración o trabajo, sino inspiración más trabajo, exaltación más paciencia, deleite creador más tormento creador.

Hesse pronuncia: Decía Goethe "No se conocen las obras de arte cuando se ven acabadas; hay que verlas también en su proceso de elaboración" Terminar la obra de "Fausto" le llevó a Goethe toda la vida. La  labor del arte es ayudar a vivir.

Lasker envió una nota al New York Evening Post: "El partido con Schlechter está llegando a su fin y parece probable que, por primera vez en mi vida seré el perdedor. Si eso ocurre, un buen hombre habrá ganado el campeonato”.  Lasker intuía su derrota.

Terminada la Guerra Mundial, Schlechter se encontró de una situación de bancarrota, la cual lo llevo al hambre, a la desnutrición  y al agotamiento; la carencia de carbón para mitigar el frio, fue otra causa para que contrajera una neumonía, que fue la causa de su muerte  ¡Como hubiese cambiado su vida el triunfar sobre Lasker y recibir la bolsa del premio!

El nombre completo de Carl, fue Carl Adalbert Hermann Schlechter.  El abuelo de Carl Friedrich Wilhelm Karl Schlech, fue un dramaturgo que escribió bajo el seudónimo de “Carl Haffne” y su padre Adalbert Eduard se dedico a la música.

En el colegio Schlechter se comporto como un niño, triste, tímido y frágil. Fue un niño, enfermizo, delgado, con un tierno comportamiento. Académicamente tenía la sensación de que nunca sería tan bueno como sus condiscípulos. Había  renunciado a concursar por las medallas que otorgaban -decía- los mostrencos.

A los trece años se encontró jugando al ajedrez. Su inferioridad orgánica la subsanó fortaleciendo su intelecto, desarrollo con destreza su aptitud. A los 12 Años resolvía con maestría numerosos problemas de ajedrez. Su auto valía la encontró dentro del ajedrez.  Perseverante finalizo sus estudios de comercio. Aunque aquella mirada triste nunca lo abandono.

Alfred Adller.

Desarrolló una preocupación social en el sentido más amplio; de cuidado por el otro, por la familia, _ en la atención a su madre y a su hermanastra_ por la comunidad, por la sociedad, por la humanidad, por la naturaleza, por la misma vida. La preocupación de ser útil a los demás. Cuando su madre preocupada por Carl, por abandonar este su trabajo - cuyo salario significaba una entrada segura- con la finalidad de dedicarse al ajedrez, acudió al médico Samuel Gold, amigo de la familia, quien le exhibió a su hijo, los primeros problemas de ajedrez, _ después se convirtió en su maestro cuando Carl, contaba a penas con 13 años_

Ante el ruego de la madre, Samuel le recomendó, que su hijo asistiera a la consulta de su colega  Alfred Adller  _quien postulaba un modelo psicológico centrado en las influencias del medio social y familiar en el carácter del sujeto

Cuenta Carl, que Adler le recibió en su consulta y le invito a sentarse enfrente de él, que el dialogo fue cordial y que Alfred no intento comportarse como una figura autoritaria y eso lo alivio. Que reino durante la charla el afecto y una disposición por escuchar y por comprender, por parte de los dos; a partir de una genuina relación humana.

Aldler expuso, que su orientación no tenía nada de vergonzoso, y, que un análisis subsecuente podría revelar los mecanismos psíquicos, que en su infancia prefijaron su complejo de inferioridad, y  la confusión de sentimientos.

Que  volvió  más veces  a su gabinete, -donde confirmo que su elección libidinal,  no se podía determinar como una psicopatología, que él sabía amar y cuidar como había sido amado por su madre y la valía de su decisión de dedicarse a jugar al ajedrez.

Este mirar dentro de su interior, le hizo entenderse a sí mismo. Le dio  armonía y paz. Descubrió que una persona debe escoger y decidir entre varias opciones; que una persona crea su propia personalidad, su estilo de vida. Que sentía un impulso, un propósito y aguardaba conseguir dentro del ajedrez una nueva meta en su futuro. Las charlas con Aldler le confirmaron su objetivo el desarrollo de las potencialidades del ser humano y mirar al futuro con optimismo.

Carl menciono que las palabras de Adler le ilustraron: Ver con los ojos de otro, escuchar con los oídos de otro, sentir con el corazón de otro y que el psicólogo concluyo: por el momento esa me parece una definición aceptable en su forma de vivir, de lo que  yo nombro un sentimiento social.

A Continuación Hesse recitó: “Dispuesto debe estar el corazón a cada llamada, de la vida para despedirse y comenzar de nuevo, para darse a otras ataduras, distintas y nuevas, sin aflicción y con valentía. Y cada comienzo lleva en sí una magia que nos protege y  nos ayuda vivir”

Stefan Zweig  pronunció un poema de Hesse “La verdad del árbol”

“Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos. Los respeto cuando viven en poblaciones o en familias, en bosques o en arboledas. Pero aún los respeto más cuando viven apartados. Son como individuos solitarios. No como ermitaños que se hubieran recluidos a causa de una debilidad, sino como seres grandes y aislados, como Beethoven o Nietzsche. En sus ramas más alta susurra el mundo y sus raíces descansan en lo infinito; pero no se abandonan ahí, luchan con toda su fuerza vital por una única cosa: cumplir con ellos mismos según sus propias leyes, desarrollando su propia forma, representándose a sí mismos. Nada es más sagrado, nada es más ejemplar que un árbol fuerte y hermoso”

Cuando usted -Sweig se dirige a Hesse- menciono a Alfred; lo coligué a  la escuela que fundó, después de separase de Freud, la de la psicología individual. Adler escribió: “El estilo de vida de un árbol es la individualidad de un árbol expresándose y moldeándose en un ambiente. Reconocemos un estilo cuando lo vemos contrapuesto a un fondo diferente del que esperábamos, por lo que somos conscientes entonces de que cada árbol tiene un patrón de vida y no es solo una mera reacción mecánica al ambiente”.  Aldler  asumía que el hombre decide su estilo vital, y cómo maneja sus problemas, sus relaciones con la gente que le rodea.  

Carl fue un castaño en la espesura, ese árbol símbolo de la verdad, de la generosidad, y de la justicia.

En ese momento un atronador sonido, se escucho en la parte norte del salón, al caer sobre las ventanas del invernadero, la enorme rama de un árbol.  El ruido sobresalto los corazones de quienes nos encontramos en el café, unos jugando al ajedrez, otros en amena charla. Después del alboroto, de retirar el madero, cada quien volvió a su ocio y Herman reanudo su charla:

Schlechter  fue un ser considerado, recibió en su casa a Richard Reti  a solicitud de su hermano  el músico Rudolph Reti, cuando este contaba apenas con 12 años de edad. Al parecer jugo dos partidas con el niño. Al final comentó: “Usted jovencito me ha dado algún problema para vencerlo. Para su edad, esto es, sin duda, excepcional”.

Tercia Zweig: Carl fue un hombre ecuánime y justo. Pero me parece que esta forma desprendida de ser, actuaba a veces en contra del mismo.  Schlechter quien rechazo  pugnar por los premios de belleza; reflexionaba así: “Ya he ganado suficiente,  dejemos algo a los demás”.

E n Carl vivía esa dualidad que nos acompaña. Su juego expresaba la tranquilidad de un juego posicional, esperando el error, pero en otras partidas, nos instruye de que está al tanto  de la táctica, que es preciso  desarrollar, sobre el campo de batalla, en que se trasfigura un tablero.

Hesse menciona: En nuestra existencia se tiene que ser como en el ajedrez, donde usamos las piezas que sirven en ese momento, así  de acuerdo a cada circunstancia habría que utilizar diferentes personalidades.

Stefan frunciendo el seño, apunta. Me parece atrayente la propuesta, pero dentro del concepto se esconde la esquizofrenia.

Herman Hesse argumenta: Existe una idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente. El hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad pueda dominarse sin dirección sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos sub-yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan pensar y la experimentación. 

Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por  “normales”, y hasta por representar un gran valor social, que están irremisiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son  genios. Nosotros completamos por esto la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo, le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas, crean un grama con un puñado de figuras, así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas.

Fue entonces que pasó algo mágico. Hesse, cogió  las figuras del ajedrez,  las figuras que encarnaban a los ancianos, a los jóvenes, a los niños y las mujeres, a la nobleza. Todas las  piezas; las alegres, las tristes, las vigorosas y las débiles, las ágiles y las pesadas; las ordenó con rapidez sobre el tablero formando una combinación, en la que aquellas se reunían al punto en grupos y familias, en juegos y en luchas, en amistades y en bandos enemigos, reflejando el mundo en miniatura. Ante nuestros ojos  hizo moverse un rato al pequeño mundo lleno de agitación, y al mismo tiempo tan en orden; lo hizo jugar y luchar, concertar alianzas y librar batallas, comprometerse entre sí, multiplicarse; era en efecto un drama de muchos personajes, interesante y movido.

Luego pasó la mano con un gesto sereno por el tablero, tumbó suavemente todas las figuras, las juntó en un montón y fue reconstruyendo, con las mismas figuras un juego completamente nuevo, con grupos, relaciones y nexos diferentes en absoluto. El segundo juego se parecía al primero; era el mismo mundo, estaba compuesto del mismo material, pero la tonalidad había variado, el compás era distinto, los motivos estaban subrayados de otra manera, las situaciones, colocadas de otro modo.

Esto es arte de vivir  –dijo Hesse-  Usted  amigo Zweig puede ya de aquí en adelante seguir conformando y animando, complicando a su capricho el juego; está en su mano.

Así como la locura, en un grado superior, es el principio de toda ciencia,  así es la esquizofrenia el principio de todo arte, de toda fantasía. Hay sabios que se han dado cuenta ya de esto a medias, como puede comprobarse, por ejemplo en El cuerno maravilloso del príncipe,  un libro encantador, en el cual el trabajo penoso y aplicado de un sabio  es ennoblecido por la cooperación genial de artistas locos y encerrados en  manicomios.

Locuaz Herman prosigue: durante la guerra, mi primera esposa María Bernoulli enfermó y presentó, varios episodios de esquizofrenia. Yo me encontraba inmerso en una severa crisis emocional, por mi divorcio, por la recién muerte de mi padre y la enfermedad de mi hijo. Recurrí al análisis, primero con Joseph Bernhard Lang, después me atendió su maestro, Carl Gustav Jung. Durante este tiempo de mi psicoanálisis, pinte y escribí un diario de sueños.

Sigmund Freud.

Estefan lo interrumpe y explica: en los albores de la humanidad, una  de  las primeras ciencias fue la interpretación de los sueños: antes de cada  batalla y de cada decisión, después de una  noche transida de sueños, los sacerdotes y los sabios  examinan  e  interpretan  sus  imágenes  como  símbolos  de  un bien próximo o de un mal inminente.

Antes de Freud, el mundo era realmente diferente. Gracias a él, hoy sabemos que los sueños son la clave,  para saber de nuestro inconsciente. Ningún  carece completamente de sentido, todos tienen, en tanto que actos psíquicos perfectamente válidos, un significado determinado. Son la revelación, no de una voluntad superior, divina y sobre humana, pero  sí  de  la voluntad  más  íntima y  secreta  del  hombre. El psicoanálisis ha sabido acercar al hombre a su propio Yo más que cualquier  otro método espiritual anterior.

El siquiatra, dramaturgo y novelista Arthur Schnitzler conteporaneo de Freud y asíduo visitante del Café Griensteild  escribio:

Y acuérdate que cada noche nos fuerza
A descender a un mundo desconocido,
Privados de nuestra fuerza y, nuestra riqueza ...
Pues toda la abundancia y las adquisiciones de la vida
Tienen poco peso frente a los sueños,
Que nos encuentran inertes al dormir.

Freud  lo consideraba su alma gemela y dijo; “Schnitzler recorre un camino paralelo a mi propio desarrollo. El expresa poéticamente lo que yo intento comunicar científicamente”


Carl Jung.

Hesse se dirige a  Zweig: Con Jung viví una difícil situación  que apenas podía  soportar, la conmoción de un análisis doloroso, porque llega hasta el tuétano. Me habría gustado continuar el psicoanálisis con Jung, pues tanto por su intelecto como por su carácter es una persona espléndida, llena de vida, genial. Le debo mucho y me alegro de haber podido estar con él durante  ese tiempo.

A partir del análisis de mis sueños descubrí el concepto de arquetipo, en ellos se hacían evidentes la presencia de  imágenes y símbolos que  no podían emanar de mi experiencia personal. Cada uno de nosotros contiene el ser total del mundo, y del mismo modo que nuestro cuerpo integra toda la trayectoria de la evolución. Entendí  que yo deseaba tratar de vivir aquello que intentaba salir de mi interior. Nunca deje de ser un adolescente con sentimientos de extrañeza; de sentirme ajeno en un mundo de normas y compromisos y estructuras sociales y familiares que me resultan, desoladoras e incomprensibles.

La facultad de saber sufrir es más que la mitad de la vida, y de hecho, es toda la vida. Se sufre al nacer, se sufre al crecer; la semilla soporta la tierra, la raíz sufre la lluvia, el capullo sufre el florecimiento. Y de la misma manera,  el hombre sufre su destino. El destino es tierra, lluvia y crecimiento. El destino duele. Nada le es más desagradable a un hombre que tomar el camino que conduce a sí mismo.

En esta mesa se jugó el Campeonato del Mundo Emanuel Lasker contra Carl Schlechter en 1910


En esta mesa se jugó el Campeonato del Mundo Emanuel Lasker contra 

Carl Schlechter en 1910 en el Café Viena a Marie Puente Rotenturmstraße

 31 –Foto Museo de Viena.

Zwieg lo interrumpe: para nosotros el crear es una lucha continua entre la consciencia y la inconsciencia. Sin estos dos elementos no puede realizarse el acto artístico.

Hesse retoma su discurso: analicé con Jung mi infancia, que tenia puntos de contacto con la este clínico suizo. Los dos tuvimos padres con delirios religiosos, sufrimos los abusos de una educación severa, tan rígida que intentaban romper a toda costa nuestra voluntad, nos hacía contemplar como un bálsamo la idea del suicidio.

En mi juventud huí del seminario, transité por diferentes instituciones y escuelas. Durante nuestra etapa de formación  nuestros maestros servían a los mismos intereses, nos indicaban constantemente qué hacer, qué evitar; anulando nuestras propias elecciones, invalidando nuestras disposiciones, con  mecanismos de represión, ejerciendo un férreo control.

La rigidez de los métodos; la desmedida ambición de nuestros padres, la inconsciencia de los maestros y la esterilidad de un sistema, se  ensañaba sin compasión con nuestra alma y marchitaba nuestra alegría de vivir.

La  responsabilidad, el trabajo lo aprendí de la conducta de mi padre, pero las secuelas son mi obsesiva conducta, la depresión, los sentimientos de culpa, de inferioridad, y la migraña.

A nuestros padres y preceptores, les importaba sobre todas las cosas, la  esperanza que depositaron en nosotros, que se traducía en  el triunfo académico;  sin interesarles sin fracasábamos como seres humanos. Si deseábamos que nuestros padres nos quisieran, debíamos portarnos “bien”  Perdíamos primero la sensibilidad y más tarde, el equilibrio emocional. Recuerdo ese mundo en la escuela de latín en Göppingen, donde estudie, donde se aprendía a obedecer.

El análisis con Jung me permitió la reintegración, recuperar la personalidad que  de alguna manera  perdí con mis padres y  educadores. Recupere una identidad intelectual propia.

Personalmente el análisis me sirvió, como lo hizo la lectura de algunos libros de Freud y de Jung.

Hoy soy un hombre que busca, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia, usted lo sabe Sweig,  no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos.

Wasa-Gymnasium.

Stefan Zweig rememora: el liceo Wasa-Gymnasium, a su odiado instituto a donde concurrió durante ocho años y a sus profesores: Nuestros maestros no eran ni buenos ni malos, ni tiranos ni compañeros solícitos, sino unos pobres diablos que, esclavizados por el sistema y sometidos a un plan de estudios impuesto por las autoridades, estaban obligados a impartir su "lección” igual que nosotros a aprenderla.

Ellos, se sentían tan felices como nosotros cuando, al mediodía, sonaba la campana que nos liberaba a todos. No nos querían ni nos odiaban, aunque tampoco había motivos para ninguno de estos sentimientos, pues no sabían nada de nosotros; aun al cabo de varios años, con excepción de unos pocos, seguían sin conocernos por el nombre.

Se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar y nosotros, para contestar; aparte de ésta, no existían entre los dos colectivos relación alguna. Y es que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el Alto visible y el Bajo igual de visible se levantaba la invisible barrera de la "Autoridad" que impedía cualquier contacto. A mi juicio, nada resulta más característico  que la total falta de relación que, tanto en el terreno intelectual como en el anímico, existía entre nosotros y los maestros.

Me he olvidado de los nombres y los rostros de todos ellos. A lo mejor porque siempre permanecimos ante ellos con los ojos bajos. Pero sí recuerdo  la tarima y el diario de clase, al que siempre intentábamos echar una mirada con el rabillo del ojo porque en él se registraban nuestras calificaciones.

Stefan pregunta a  Herman ¿Joseph Bernhard el psicoanalista, alumno de Jung, es Pistorius, en tu novela? Supongo que las charlas terapéuticas que se reproducen en su libro “Demian”, son tus propias vivencias, la obra está llena de referencias al simbolismo psicoanalítico de Jung.

Herman asiente y continúa: todas las sesiones ayudaban a raspar pieles de mí, a romper cáscaras de huevo, y después de cada una la cabeza se alzaba un poco más, algo más libre, hasta que mi pájaro amarillo eclosionaba como un hermoso pájaro con cabeza de depredador saliendo de la destruida cáscara del mundo.

Viena.

El camarero me trajo una tarta de chocolate, la especialidad de la casa. Solícito, me comentó, sí deseaba una mesa que se había desocupado. Le agradecí su gentileza y él se retiro. Así que por paladear la tarta, me perdí parte de la charla. 

Oí decir a Hesse: a comienzos de la Primera Guerra Mundial  escribí un  artículo que se publico en el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung titulado “Amigos, no en ese tono”, solicitaba a los intelectuales alemanes a ocuparse menos de la disputas nacionalistas y a demostrar más humanidad. El resultado fue el acoso, el odio y el rechazo. Fueron días terribles y difíciles, los días de la guerra, fueron de  lucha, sufrimiento y soledad, nunca  me fue perdonado en Alemania haber adoptado una actitud crítica hacia el patriotismo y el militarismo. No reniego del patriotismo, pero primeramente soy un ser humano, y cuando ambas cosas son incompatibles, siempre le doy la razón al ser humano.

Cuando el intelectual se siente obligado a participar en la vida política, cuando el curso de la historia lo destina a ello, tiene  que obedecer irremisiblemente. Ha de oponerse, en cambio, tan pronto sea llamado o presionado por una fuerza externa, por el Estado, algún grupo de generales o quienes detenten el poder, como ocurrió  1914, cuando la élite de los intelectuales alemanes fue, en cierto modo, obligada a firmar manifiestos falaces y absurdos.

La salvación y la continuación de la cultura europea serian posibles reencontrando el arte de vivir  y el patrimonio común espiritual. Sigue siendo una incógnita que la religión pueda superarse o sustituirse. Nunca he comprendido con tan inexorable claridad como en los pueblos de Asia que la religión o su "Ersatz" es lo que más profundamente nos falta.  Todo el Oriente respira religión, como el Occidente respira razón y técnica. Nuestra misión como seres humanos es: dentro de nuestra vida propia, única y personal, adelantar un paso en el camino de animal a ser humano

Zweig  exteriorizó:

Fui testigo del predominio de los instintos sobre la razón consciente en la psicosis colectiva de la Guerra Mundial: nunca como en aquellos años apocalípticos se había hecho tan horriblemente visible lo tenue que sigue siendo la capa de humanidad que cubre el delirio homicida de los hombres, desenfrenado lleno de odio, y cómo basta una simple sacudida del inconsciente para echar abajo todos los audaces edificios del espíritu y todos los templos de la moralidad. En estos momentos ha visto sacrificar la religión, la cultura, todo lo que ennoblece y eleva la vida consciente del hombre, al placer más salvaje y primitivo de la destrucción; todas las fuerzas santas y santificadas de la humanidad  se  han  mostrado  una  vez más infantilmente débiles ante el instinto ciego y sediento de sangre del hombre primitivo. Toda la educación y toma de conciencia de la humanidad resultó  impotente  frente a su inconsciente.

Carl el ajedrecista sobrellevó los mismos métodos de instrucción que nosotros, después estudio comercio, abandono su trabajo, y se dedico al ajedrez. Pacifista, fue una víctima de la primera guerra, su alma generosa sucumbió ante la barbarie de la destrucción, del desastre y del hambre. Antes de 1914 el mundo pertenecía a todos los hombres; después de  la conciencia del mundo quedó anestesiada, ya tan acostumbrada a la inhumanidad, a la injusticia y a la brutalidad como nunca lo había estado. La ciencia avanzó, se renovó. Se uso el gas; las bombas, los dirigibles, los tanques, los lanzallamas, los hidroaviones, los dirigibles y los submarinos. Solo para destruir al otro. 

El mundo ya no era el mismo de antes de la guerra. Toda una generación de jóvenes dejó de creer en sus padres, en los políticos y en los maestros: leía con desconfianza cualquier decreto, cualquier proclama del Estado. La inflación, en Austria, duró hasta 1923 con su hambre, su penuria y miseria.

Seguramente el ajedrez como actividad intelectual fue un bálsamo para Carl en los días de la guerra, lo resguardo de los estragos que produce en la psique, la deshumanización. Ciertamente el ajedrez mitigo en Carl, la desdicha de los días de hambre y de las noches de intenso frio. Estoico nunca se lamentó, ni busco la conmiseración de  nadie.

Al enfrentarme a la realidad, al mirar a los soldados heridos, en un campamento,  se me abrieron los ojos, y miré lo inhumano y lo atroz de la guerra. Deje atrás cualquier vestigio de patriotismo. No deseaba ninguna victoria ni derrota sobre nadie. Hice saber mi enemistad contra la guerra en el mundo

Hesse asegura: sé de prisioneros que dentro de su cautiverio, el ajedrez fue su amparo. Es el caso de Alekine que jugaba a la ciega con Bogoljubov. 

Zweig responde: en el fondo, el atractivo del ajedrez descansa únicamente en el hecho de que su estrategia se desarrolla de distinto modo en dos cerebros; que en esa guerra espiritual, el negro ignora las maniobras e intenciones del blanco, aunque trata continuamente de adivinarlas y malbaratarlas, mientras que el blanco, a su vez, procura adelantarse y frustrar los propósitos inconfesos del negro. Ahora bien, si el negro y el blanco quedaran representados por una y la misma persona, se produciría la contradictoria situación de que un cerebro debería al mismo tiempo saber algo e ignorarlo.

Sería necesario que jugando en función del blanco, pudiese olvidar totalmente, como siguiendo una orden, lo que un minuto antes había querido e intentado representando al contrincante negro. Semejante pensamiento doble supondría en realidad una división absoluta de la conciencia, un abrir y cerrar a discreción de un como obturador del cerebro, similar al de un aparato mecánico; querer jugar contra sí mismo significa, pues, en materia de ajedrez, igual paradoja que saltar sobre la propia sombra.

Mientras Sweig ordena las piezas del ajedrez que Herman desordeno. Hesse le explica a  Stefan: Se nos han ido acumulando todo tipo de vivencias que nos unen,  yo suelo mecerme de vez en cuando, con placer y gratitud, sobre ese puente colgante, y entonces pienso en usted con un sentimiento de amistad. Alguna vez llegare a saber jugar mejor el juego de las figuras. Alguna vez aprenderé a reír.

Responde Sweig: Me he preguntado sí, llamarle juego al ajedrez, ¿no es limitarle? ¿No es también una ciencia, un arte algo sutil que está suspendido entre uno y otro jugador, como el féretro de Mahoma entre el cielo y la tierra? El origen del juego del ajedrez se pierde en la noche de los tiempos, y, sin embargo, resulta siempre nuevo; su marcha es mecánica, pero su resultado se debe siempre a la imaginación de los jugadores; está estrechamente limitado a un espacio geométrico fijo, y, sin embargo, sus combinaciones son ilimitadas. Persigue un desenvolvimiento continuo, pero permanece estéril. Es un pensamiento que no conduce a nada, una matemática que no establece nada, un arte que no deja obra, una arquitectura sin materia.

Ha demostrado, sin embargo, ser más perdurable, a su modo, que los libros o que cualquier otro monumento este juego único, que pertenece a todos los pueblos y a todos los tiempos, y del que nadie sabe cuál de los dioses hizo don a la tierra para matar el tedio, para aguzar el ingenio y estimular el alma.

Años después, de haber prestado atención a su charla, cuando jugaron al ajedrez Stefan y Hermann, por los diarios me enteré del suicidio de Zweig, así como del premio Nobel de literatura que se le otorgó a Hesse.

La noche anterior a su muerte Estefan había jugado al ajedrez con Gabriela Mistral, recordado la alegría de sus días de juventud, los instantes dichosos de su época universitaria sin universidad,  _como  Sweig solía decir_   con todo el tiempo libre para leer, para visitar las bibliotecas, los teatros, los salones de música y los lugares de reunión, como fueron los cafés.

Habló  del vienés Georg Franz Kolschitzky que por el año 1670 gestiono la primera licencia oficial para vender café en un establecimiento y que nombro: “La botella azul” Menciono a la emperatriz María Teresa de Austria, y la época en que inició la costumbre de poner a disposición de los clientes del café, los diarios de Austria como el “Neue Freie Presse”  _donde Alfred Adler, publicó, una defensa de Sigmund Freud, quien fue atacado por este diario, por sus teorías psicoanalíticas_  y la prensa de otros países europeos, así como  algunas revistas literariascomo “Fackel”  que editaba Karl Kraus o con tintes políticos como “Pravda”, que durante los siete años preliminares a la gran guerra imprimió Trotski.  Habló de otras revistas  antiguas, fuera de circulación, tan releídas como “ Ver Sacrum”.

Así como del  periódico judío que versaba sobre el Ajedrez el "Shahtsaytung Erste Yidishe"  cuyo redactor fue Gersz  Salwe,  un notorio ajedrecista y acaudalado industrial, que lidio contra Carl, en varias ocasiones. Una de ellas en Rusia, en este encuentro, Carl creó un genial sacrificio. Lasker menciono que este ofrecimiento de Carl era ventajoso lo aceptara o no Salwe. A esta partida se le concedió el premio de belleza.

Stefan menciono; el Café Griensteidl, a quien Zweig nombraba el “cuartel general de la literatura  joven“, tambien el Café Central de quien Franz Werfel, hizo una descripcion: “Inolvidable la primera impresión: ¿por qué es tan inmenso este antro? ¿Y qué luz es ésa?... Un poco, especialmente catedralicia. La bóveda está invadida por una cortina de cigarro (que son las sofocantes emanaciones de incienso de esta iglesia). Un anexo, el salón de ajedrez, da a la calle. Allí cae un impertinente, molesto, hiriente golpe de sol veraniego”.

Alfred Polgar reseño la dinamica de los sus parroquianos del Cafe Central, dijo;  “Gente que necesitaba de la soledad, pero en compañía. La ausencia de una relación íntima entre los asiduos de los cafés,  se convierte de tal manera en una relación en sí misma, el vínculo que establecen todos aquellos que tienen como objetivo común matar el tiempo antes de ser consumidos por su paso“

A  este lugar asistían: Arthur Schnitzler, Alfred Adler,  Alfred Polgar, Peter Altenberg,  Leon Trotsky , el propio Sweig; y tantos ajedrecistas, como:  Savielly  Tartakower y su hermano, así como: Rudolf Spielmann, Richard Reti, Ernst Grünfeld, Heinrich Wolf y Milan Vidmar,  que al Café se le conocía también como:  “La escuela de ajedrez“.

Nombró otros lugares, adonde acudían otros ajedrecistas, como fueron el Café Frey,  la  cafetería Laudon y el Café del Museo, con su soberbia sala de los espejos.  Y  describió los cafés;  Landtmann, el predilecto de Freud; el Sperl  con su perfecta y bella sala de billar.  Por donde desfilaron artistas, escritores, pintores, arquitectos, compositores, músicos , militares y actores. El  Café́ del Hotel Sacher, donde se podía paladear la deliciosa receta de la tarta de chocolate, creada por Franz Sacher.

Reinhold Völkel – Café Griensteidl en Viena (1896)

Reinhold Völkel – Café Griensteidl en Viena (1896)

En un momento  menciono que Carl Schlechter, visitaba algunos de estos sitios de reunión, de lectura y de alegría, con sus polkas, sus valses, y sus originales debates. Donde las ideas nuevas,  suscitaban eternas discusiones.

Sweig historió  que Josef Hrdina, un rico industrial, mecenas del ajedrez y ajedrecista se enfrentó a Carl Schlechter en Viena, durante la quinta edición del torneo en memoria de Leopold Trebitsch.   _ Schlechter gano seis de los nueve primeros torneos Trebitsch

Se acordó de su primer viaje a la ciudad de Nueva York, de su encuentro casual, -en la calle donde se situaban las oficinas del “El Sol”  un periódico de Nueva York, - con el ajedrecista Samuel Gold; quien fue el único maestro de ajedrez que tuvo Carl, y que ya arraigado en esta ciudad, publicaba sus problemas de ajedrez en este diario. Se ufano de los tres problemas de ajedrez que esa ocasión le autografió Samuel.

Lasker-Schlechter 1910

Lasker-Schlechter 1910.

Lasker-Schlechter.

Zweig contó: en Carl vivía esa dualidad que nos acompaña en nuestra vida. Su juego expresaba la tranquilidad de un juego posicional, la de un felino que con paciencia, persiste a la espera de un desliz; pero en otras partidas,  cuando se decidía, era un lince, excesivamente preciso, contundente y resuelto en su  ataque.

Estefan prosiguió: Cuando Lasker en el trascurso del match nunca pudo asaltar la posición defensiva de Carl, cuando la aparente fragilidad de Carl,  había logrado sobre el campeón, partida a partida, una importante ventaja psicológica, contrario a lo esperado, Schlechter arremete con ímpetu en contra de Lasker, jugando al todo o nada, logrando una posición privilegiada.

En ese preciso instante, su personalidad moderada, le hubiese asegurado un empate y la corona. Pero su inconsciente, le exige conducirse con honor, y con arrojo. Siendo el mejor vienes, en el arte de la defensa, deja atrás su hábito de jugar a lo seguro. Y reta la mirada penetrante, de los ojos negros de Lasker.

Los más de 400 espectadores que pagaron un boleto, entre ellos muchos vieneses que se trasladaron a Berlín, se encuentran electrizados, respirando la densa nube de humo, procedente de los cigarrillos y los puros encendidos; saben que por primera vez Lasker, se  encuentra contrariado, por el oprobio de su  desventaja.  

Schlechter-Tarrasch, Köln 1911

Carl los mantiene en la cuerda floja y les eriza el pelo, mirar como el retador, se vuelve impulsivo y se expone,  intentando establecer que es un vencedor. La sobre excitación proviene, porque están al tanto, de que Carl tiene asegurada la corona con un empate, y no desean que esta oportunidad se desvanezca por la imprudencia, pero en cambio les emociona la dignidad  del vienes, la posibilidad que Schlechter venza por segunda vez al Campeón. Pasiones contradictorias  que provocan la aceleración del pulso y el estremecimiento de la multitud.

El subconsciente de Carl lo impulsa, lo traslada de un error a otro, durante dos fatigosos días, para finalmente forzado por Lasker, cambiar las damas y  perder la partida, dejando escapar, ese momento  estelar de la gloria, que pocas veces se muestra en la vida.

Esa dualidad hace que un ser pacifico y justo, se  indigne, se subleve cuando se le otorga a Lasker un reloj de oro, que Hugo Jackson, dueño de un negocio de arte en Berlín, -el mismo donde Zweig encontró el broche de plata en forma de un tablero de ajedrez-  donó como premio al vencedor del encuentro. 

Schlechter enardece, porque para él no existe un vencedor, ni un perdedor dentro del encuentro y se rehúsa a participar en la ceremonia de clausura. Esta honorabilidad –continuó  Stefan- fue constante en todos sus actos, cuando él sabía que su oponente requería de unas tablas, su cortesía las concedía, incluso en las posiciones donde tenía ventaja.  Como un vienes de la época lo impulsaba un sentimiento de la justicia y la búsqueda de la verdad.

Su beneplácito fue jugar al ajedrez, y durante los encuentros, no humillar, ni rebajar a nadie. Nunca se aprovecho de ningún tipo de ventaja. Jamás jugó con superioridad de tiempo, restaba este a su reloj, si el oponente llegaba tarde a la partida.  Siendo un caballero rompió más de una lanza por los ajedrecistas más jóvenes. Carl era un ser excepcional, culto y de una conversación brillante.  Contó, que había pasado gratas horas, resolviendo los problemas de ajedrez ideados por Schlechter.

Viena 1900.

Rememoró  Viena, la capital cultural de Europa Central en la que convivían más de 50 millones de habitantes de 15 nacionalidades. Sus ojos se humedecieron al hablar de su tierra natal, de su gente, con su tranquilo y noble estilo de vida. Sus ojos se humedecieron al hablar de su tierra natal, de su gente, con su tranquilo y noble estilo de vida

Charló amenamente con Gabriela Mistral sobre la novela “La marcha Radetzky”  texto de su amigo  Joseph Roth  una narración  nostálgica del derrumbe de la Monarquía Austrohúngara, que para Roth también significó; un volver atrás, en la historia de la humanidad. 

Y narró su intento de escribir una autobiografía cuyo título tentativamente fue: “Mis tres vidas”, pero melancólico le confesó  a Gabriela que su vida carecía de interés y que en cambio había terminado una obra; “El mundo de ayer “donde hablaba de Austria; de las personas que había conocido y de los sucesos que  vivió, de una geografía y de un tiempo que ya no retornaría.

Stefan señaló: Antes de morir Freud, le escribí: tenemos que permanecer firmes, no tendría sentido morirse sin haber visto el descenso de los criminales a los infiernos.  _el escritor se refiere a los nazis, a quien Joseph Roth amigo de Zweig acusó de haber instaurado “la filial del infierno en la tierra”_ hoy de eso, ya no estoy tan seguro- Estoy profundamente empobrecido por dentro. Concluyó  el literato.

Habló sobre su trastorno ciclotímico  (maniaco depresivo)  y expuso: mi depresión, auspicia mi recogimiento solitario; es un ingrediente positivo, la antesala sobre la que surge mi proceso creativo, con capacidad para tolerar la espera  sin concluir; continuar por días investigando,  para ampliar el conocimiento, postergar el deseo de concluir la obra, y a la vez  prosperando en el proceso azaroso de la  creación.

Quizá fue su último momento de alegría, el recordar a una tía suya,  que en la noche, de su luna de miel,  huyó despavorida a casa de sus padres horrorizada porque su marido había pretendido desnudarla; actitud que contrastaba -aludió el escritor-  con la de Alma Marie Schindler , esposa de  Gustav Mahler  director de la Ópera de Viena, y  quien se relaciono eróticamente, con los más grandes intelectuales de la época.

Gustav Mahler convino con el doctor Sigmund Freud presentarse en su consulta, para tratar la neurosis que padeció a raíz de la infidelidad de Alma su atractiva esposa, mucho más joven que el compositor. Me parece que mi tía, también requería de un maratónico análisis. Remato Sweig con una sonrisa.

Luego regresó a su casa y escribió varias cartas de despedida, una de ellas a su primera esposa Friderike Maria Burger von Winternitz dando las razones por las que había decidido quitarse la vida junto a su segunda mujer Elisabeth Charlotte Altmann:

Berlin quema de libros por los Nazis.

“Cuando recibas esta carta yo me sentiré mucho mejor que antes. Ya viste cómo estaba en Ossining y cómo después de haber pasado una temporada buena y sosegada mi depresión se hizo mucho más aguda... sufría tanto que no era capaz de concentrarme. Y luego, la seguridad -única seguridad que teníamos- de que esta guerra va a durar años, de que pasarían muchísimos años más antes de que nosotros, dada nuestra situación especial, pudiéramos volver a instalarnos en nuestro hogar; cuán deprimente todo ello nos resultaba.

Petrópolis, al principio me gustaba mucho, pero no tenía los libros que necesitaba y la soledad, que me había causado un efecto sedante, había empezado a ser intolerante, opresiva. La idea de que mi obra cumbre. El Balzac, no llegaría nunca a terminarse al no poder disfrutar de dos años de vida sosegada y de todos los libros que precisaba, me resultaba muy dura, y me desesperaba también esta guerra, que todavía no ha llegado a su punto culminante. Me sentía demasiado fatigado para soportar todo eso. Estoy seguro de que tú llegarás a ver otros tiempos mejores, y me darás la razón: que comprenderás cómo yo, con mi hígado negro, no he querido esperar más.

Estas últimas líneas son para ti, en mis últimas horas. No puedes imaginar la plácida alegría que me ha invadido desde que he tomado tal decisión. Exprésales mi afecto a tus hijas, y no me compadezcas. Ten presentes al buen Joseph Roth y a Rieger, y no olvides lo mucho que yo siempre me alegré por ellos de que no tuvieran que sufrir las duras pruebas por las que nosotros hemos pasado. Ten coraje, ahora sabes que estoy tranquilo y feliz

Con mi amor y amistad, Stefan”

Después de la muerte del escritor, Gabriela Mistral comunicó a los amigos de Zweig, que cuando hablaba con el escritor, de la guerra le caía al rostro una tristeza sin límites que lo envejecía de golpe.  Su repugnancia de la violencia era no sólo veraz; era absoluta. Y  repetía: "No somos sino fantasmas o recuerdos".

Dos años  después  de su suicidio se publicó su texto: “Novela de ajedrez” donde se narra la barbarie de la tortura, de la presión que ejerce, el total aislamiento, en el ser humano, tratando de vencer su espíritu, precipitándolo a la nada. Únicamente el ajedrez liberta la mente del protagonista, de la hondura que lo enloquece.

El relato es magistral, ausente del mismo; lo confuso, la ambigüedad, lo innecesariamente morboso. El relato se  mantiene siempre, página tras página  en el mismo nivel de estremecimiento, arrastrando al lector hasta la última línea sin dejarle tiempo para tomar aliento. Como le gustaba escribir a Zweig.


Café Central.




He regresado a Viena, al Café donde compartieron Sweig y Hesse, y  advertí a dos japoneses, portando sus cámaras fotográficas, colgadas al cuello, sentados jugando al ajedrez, en el misma parte donde lo hicieron los escritores.

Pague la cuenta y salí  a la esquina Strauchgasse- Herrngasse. Caminé por sus calles, el Danubio ha perdido su azul por la contaminación, nadie recuerda a Johann Strauss.

La ciudad con su smog y su rápido tráfico, es una metrópoli, donde la sombra de Zweig, solicitando por la calle un autógrafo, y la época romántica del ajedrez pertenecen al pasado. Son cenizas, su fragancia es la añoranza.

Recordé las palabras de Zweig: “Los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda la existencia: la fugacidad y el olvido".

Gabriel Capó Vidal

Idea y recoplicación

Gabriel Capó Vidal.


Socio Fundador de Asociación Nacional de Padres Ajedrecistas ANPA. México

http://quienesjugaronajedrez.blogspot.mx/




Saveliĭ Grigorevitch Tartakower. La tristeza por dentro.


Un solitario en el mundo del ajedrez.


Tartakower nació en Rostov del Don, Rusia. El padre de Tartakover fue German (Grigory) Yakovlevich, un prospero mercader, austriaco y su madre fue Natalya Efimovna de nacionalidad polaca. Los hermanos Tartakover fueron cuatro; dos hombres y dos mujeres. Es su padre quien le enseña el ajedrez a Tartakover.

Una tragedia marco su vida. En 1911 sus padres murieron asesinados, durante un robo que aconteció por la noche. Los participantes de este atraco, fueron empleados de la tienda, propiedad de la familia.

Salo Flohr ha dichó: "Nunca he visto a Tartakower reír de buena gana, ocasionalmente ha sonreído ligeramente" La muerte de los padres debió endurecer su carácter.





Periódico de la región de Azov del 02/19/1911
 reseñando el crimen de  los Tartakover.

Sawielly Tartakower es poseedor de una cultura, excepcional, su personalidad es fascinante; ingenioso, autor de frases penetrantes, ocurrentes y llenas del mejor humor, tales como: "Perdí la primera partida porque que me dolía la muela, la segunda porque tenía migraña la tercera porque tuve un ataque de reuma, la cuarta porque me sentía muy mal, y la quinta, ¿bueno es que tengo la obligación de ganarlas todas?" o como esta: "En una partida de ajedrez a veces juegan más de cuatro caballos".

Durante el invierno de 1919-1920, Viena sufrió escasez de combustible, Kmoch le preguntó cómo podía trabajar en su habitación sin calefacción. En su respuesta Tartakover demostró una vez más el ingenio de su humor: "Dejando la ventana abierta".

Estudió y se doctoró en leyes en Suiza y en Austria. Sawielly es poeta, y un excelente traductor de la poesía rusa, al alemán y al francés. Harry Golombek Maestro Internacional, tres veces campeón británico, árbitro y escritor de ajedrez, ha dicho: “Tartakover es por mucho el más culto e ingenioso de todos los maestros ajedrecistas que he conocido. Su muy centrada mentalidad y su natural ingenio hacen de su conversación un constante placer. Tanto es así que considero que Tartakower es una de las más brillantes atracciones que un torneo internacional puede depararme. Su charla y pensamiento se asemejan a una modernizada mezcla de Spinoza y Voltaire; y con esta, todo un toque de paradójica originalidad que es esencialmente Tartakower”



"Desafortunadamente, y por casualidad, descubrí la existencia de un club de ajedrez en Ginebra al final del año escolar. Al pasar por el Café de la Couronne, vi a dos ajedrecistas "trabajando". Hasta este momento, he jugado de vez en cuando y solo con amigos. Ahora comenzó a asistir regularmente al club, progresando rápidamente y, en consecuencia, dedicando cada vez menos tiempo a las clases en el gimnasio" Tartakower. 

Me cuenta que le gustó el nombre de hipermodernismo a su intento de rejuvenecer viejas aperturas que habían caído en desuso por la influencia de la escuela clásica de Tarrasch Innové la Defensa Holandesa y en especial, el Muro de Piedra (Stonewall) 

Sobre sus inicios en el ajedrez cuenta que él frecuentaba el club de ajedrez Wiener Schachklub, el más grande y bello de Viena.

 El Maestro refiere que le gusta el ajedrez tanto como el apostar en los casinos. Y sobre perder durante un juego de póker, no le da importancia, solo comenta: únicamente es dinero.

Su primer torneo internacional de importancia fue en Nuremberg, donde logró el primer puesto. Representó a Polonia en seis olimpiadas. Colaborador en innumerables revistas, ha contribuido a la teoría del ajedrez con muchas variaciones de aperturas. Como autor es brillante, con estupendas ideas y aportaciones al ajedrez moderno, ejemplo de ello son sus libros:  “La partida hipermoderna”, “El ajedrez neorromántico” y “Los maestros contemporáneos”. “Compendio de ajedrez”.  


Dentro de sus  proezas en los tableros  recuerda: su primer lugar en Viena "Memorial Schlechter", las  cuatro veces que fue  Campeon en Gante, en Niendorf;  y sus dos veces, como Campeón de Francia. 

Relata  sus empates:  primer lugar con Ninzovich en Londres, París, Niza , Lieja, Varsovia y Venecia. Fui segundo premio en Baden, La Haya, Viena, Kecsckemet y Barcelona. 

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Tartakower con Edward Lasker.

Con el grado de teniente Tartakover lucho en la primera guerra, distinguiéndose por su arrojo y bravura, voluntario en las misiones más arriesgadas. Durante la segunda guerra, con 54 años lucho contra el fascismo a las ordenes de Charles de Gaulle, bajo el seudónimo de Cartier. 

Se dice que al terminar la guerra De Gaulle le ofreció un puesto politico, que Tartakower rechazo.

Se le explica al Maestro, Medallista Olímpico, Doctor en leyes, políglota, uno de los principales jugadores del mundo, que ha triunfado en Viena (1923), Londres (1927) y Lieja (1930) y que ha participado en cerca de 200 torneos, y disputado 1750 partidas. Autor de lo que ya se llaman: Tartacoaforismos tales como: “El Ajedrez es un cuento de Hadas de las 1001 metidas de pata”
“El vencedor de una partida es el que comete el penúltimo error” “En la primera fase de la partida tratas de conseguir ventaja; en la segunda, de consolidarla; en la tercera, sabes que perderás…” que al nombrarle una palabra deberá mencionar en forma libre lo que le venga en mente.

 A continuación la transcripción de las preguntas y de sus repuestas:



Tartakover en 1918, durante la
 primera guerra mundial.
Café "Corona"

En la primavera de 1904 a la edad de 17 años, me gradué de la preparatoria en  la ciudad de Ginebra. Al final del semestre tuve que pasar una serie de exámenes, escritos y orales, para obtener un certificado de matriculación. Después de cada examen, nos dieron un día de descanso, que usamos para estudiar y presentar la siguiente prueba.

Por desgracia y por accidente descubrí la presencia en Ginebra de un club de ajedrez, al final del año escolar.  Al pasar por el "Café de la Couronne", vi a dos jugadores "en el trabajo". 

Hasta entonces, jugaba de vez en cuando, y sólo con los amigos. Después asistí regularmente al club, progresando rápidamente. Por ello descuide un poco mis estudios, después partí de Ginebra y me traslade a Viena.

Fue antes de que estudiara leyes.

Efectivamente. 



Los padres Tartakower: Herman
 (Gregory) y Natalia Y. Efimovna.


"Competencia"

Una palabra que ha marcado mi vida. Competencia fue el nombre de la tienda de ropa de mis padres.  Aún recuerdo aquella calle:  Bolshaya Sadovaya y el numero de la casa, el 59. Cerca había un callejón donde solíamos jugar. ¡Curioso competir es lo que hecho toda mi vida!

Viena.

-Fue en Viena donde recibí el telegrama comunicando el asesinato de mis padres.

Debió ser un golpe brutal, una noticia abrumadora.

-Sí, no sabe cuanto, fueron días muy amargos, llenos de dolor y desesperación.



:“Escribo varios tipos de investigaciones sobre la teoría del ajedrez, haciendo análisis solo en la medida en que mis trabajos literarios lo requieren. Comencé a jugar a los 11 años, pero solo a los 17; en un año alcancé una fuerza considerable gracias a la práctica seria. Ahora suelo jugar de forma superficial. No puedo decir que tuviera una intuición genial o un pensamiento profundo. Tengo una gran rutina de ajedrez, es decir, una técnica, y la uso ".


Al darse su regreso a Rostov fue que publicó una colección de poemas con el Seudónimo de Revokatrat.
 
-Si, el libro lo intitule: "Disonancias y Acuerdos". Fueron momentos muy tristes, el dolor fue terrible. Me cuestionaba sobre el duro esfuerzo de mis padres, sobre toda una vida de trabajo, y ahorro, para que nosotros viviéramos sin preocupaciones fuera de Rostov, en otro país, con todas las comodidades. Me culpé por no haber permanecido al lado de mis padres.

Usted y su hermano asistieron a los funerales de sus padres.  

Sí. Una multitud asistió a sus funerales, las calles estaban repletas de gente, los policías apenas podían controlar a la muchedumbre que esperaban la oportunidad para entrar a la casa y saciar el morbo de mirar a las victimas del crimen. Los ataúdes de mis padres se colocaron en diferentes habitaciones, ambas llenas de guirnaldas. A un recuerdo los rostros desfigurados de mis padres. Los llantos y las caras de las mujeres con espesos velos.

¿Su hermano también estudio leyes?

Sí, mi hermano Arturo, sirvió como teniente en el ejército austriaco, en el 25 Batallón de la Policía Militar 
durante la primera guerra y murió el 19 de de noviembre de 1914 en una batalla cerca de la ciudad de Katowice.


La calle donde se ubicaba la tienda de ropa "Konkurrentsiya"
 ("Competencia") y la casa de sus padres, donde fueron asesinados.

¿Los asesinos de sus padres fueron capturados?

-Sí, tambien encarcelados.

El motivo de la intrusión a la casa fue el robo, ¿Que sucedió?

-Los ladrones tenían cómplices dentro de la casa, después de entrar, amarraron a otros trabajadores e inmediatamente después se dirigieron al cuarto de mis padres. Todo se volvió un caos. Mi padre se despertó ante los gritos e inmediatamente se abalanzo sobre uno de los delincuentes, a punto estuvo de sofocar al ladrón, cuando recibió con un hierro un golpe en la cabeza, de otro de los atracadores, que acudió al auxilio de su cómplice. Después a mi padre lo remataron con una puñalada en el cuello. Mi madre sufrió también una muerte violenta.

Usted ha sido un lobo solitario en el mundo del ajedrez.  Usted ha mantenido
a la gente a distancia, no confía en los demás. Da la impresión de que se esconde, detrás de sus frases llenas de ironía e ingenio. 

-Por desgracia, no tengo el temperamento feliz de Najdorf, que todo lo ve en una luz de color de rosa.

Charles de Gaulle.

-Me uní a la resistencia después de mi regreso de la Argentina Después adopte la ciudadanía francesa.

Olimpíadas de Ajedrez de 1950 Dubrovnik.

-Represente a Francia en estas Olimpíadas de Ajedrez. 

¿La FIDE instituyó el sistema de títulos oficiales ese mismo año?

-Sí, así fue y tuve el honor de ser nombrado Gran Maestro Internacional.

Usted también ha sido campeón de Polonia.

-Sí, en 1918 , opte por la ciudadanía Polaca y debo confesar que no sabía el idioma polaco. Fui dos veces campeón en ( 1935 y 1937 ), jugué con el equipo nacional polaco durante seis Olimpiadas.  


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Buenos Aires.

-Una linda ciudad. Cuando competíamos en Buenos Aires en la Octava Olimpiada de Ajedrez ocurrió el conflicto bélico de la segunda guerra mundial y de pronto no vimos varados, imposibilitados para regresar. Muchos optaron por quedarse en América. entre ellos Susan y Miguel Najdorf. 

"El teniente Cartier.

-Al regresar de Buenos Aires fui parte de la resistencia y ese fue el nombre que usé. 

Al preguntarle el porqué luchó al lado de la resistencia respondió: sentí que era mi deber.

Miguel Najdorf. 

-Después de que el imperio Austro-Hungaro, se desmoronó residí en Polonia, en esta ciudad conocí a Miguel . Una excelente persona el siempre me considero su maestro. Un honor inmerecido.


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Carlos Torre y Tartakover.

"Revokatrat".

-Seudónimo literario que por un tiempo utilice.

Nuremberg. 

-En esta justa logre el primer lugar dentro de 50 competidores.

Morphy. 

-Fue un poeta dentro del ajedrez.

Hipermodernismo.

-Invente el término para esta forma moderna de jugar al ajedrez 

D.Breyerom, Reti, Nimtsovichem. 

-Juntos encabezamos el Hipermodernismo.

¿Aforismo?

- Hablo solo porque me gusta conversar con gente inteligente.


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¿Ajedrez?

- El ajedrez subsiste por sus errores. De ese juego de cálculo por excelencia, forman parte la suerte, la suerte y la suerte. 

Del ajedrez no se puede vivir, mas se puede morir.

Alekine.

-Si el Ajedrez es lucha el mejor es Lasker; si el Ajedrez es Ciencia, el mejor es Capablanca; si el Ajedrez es Arte, el mejor es Alekhine

Estrategia y táctica.

El jugador táctico debe saber qué hacer cuando algo se debe de hacer. El estratégico debe saber qué hacer cuando nada se debe de hacer – y sonríe-




Triunfador.

- En ajedrez, siempre gana el que comete el penúltimo error. Una partida siempre se gana por un error, sea propio o del contrario.


¿Pecado?

Los siete pecados capitales del ajedrez son: Superficialidad, Voracidad, Pusilanimidad, Inconsecuencia, Dilapidación de tiempo, Bloqueo, Excesivo amor a la paz.



Fragmento de las memorias de Tartakover en la revista estadounidense "Chess Review"  (septiembre de 1951) con una historia sobre cómo se "enfermó" con el ajedrez.

¿Apertura, medio juego, final?

-Toda partida tiene tres fases: en la primera uno espera contar con una ventaja, en la segunda uno cree que posee una ventaja, en la tercera uno sabe con seguridad que perderá.

¿Gambito?

- Come mientras puedas.

Táctica y estrategia.

-La táctica es saber lo que hay que hacer cuando hay algo que hacer; la estrategia consiste en saber lo que hay que hacer cuando no hay nada que hacer.

¿Reloj?

- No hay que contar el tiempo, sino pesarlo.



Torneo de maratón en Carlsbad,  agosto del mismo en 1911,  
Tartakower  (de pie cerca de la columna)

¿Combinación?

- Lo imposible se hace posible. Es una chispa divina, como un meteoro que ilumina la partida de ajedrez.

¿Ajedrecista?

- Es en el medio juego y en el final de la partida donde se revela un buen jugador de ajedrez.

¿Tablero?

- Las equivocaciones están todas allí, esperando a ser hechas.

"64" "Ajedrez" y "hoja de Ajedrez".

Los nombres de revistas que publican mis artículos.

Aaron Nimzovich.

- Pretende hacerse el loco para llevarnos a todos a la locura.

Sacrificios.

- Los sacrificios prueban solamente que alguien blofea. Es mejor sacrificar las piezas del contrario. El sacrificio solamente demuestra que antes alguien se ha equivocado.

Perdedor.

-El vencedor de una partida es el que comete el penúltimo error. 

Geza Maróczy

Entrenador de Vera Mencikova

-Triunfé con el Muro de piedra en el torneo de Toeplitz-Schoenau sacrifiqué
una torre en plena apertura.

Ventaja.

-En la primera fase de la partida tratas de conseguir ventaja; en la segunda, de consolidar. En la tercera, sabes que perderás.

Shah Mat.

-El Shah" sí, se escucha,  el "Mat" se pierde.



 3er premio  del VI Olimpiada Mundial de Ajedrez en Varsovia (1935).

De izquierda a derecha: Paul Friedman, Henry Friedman, Savely Tartakower, 
Mieczyslaw ( Miguel) Najdorf y Casimir Makarchik.


Ajedrez.

-Aprendizaje a través de los errores 

Philidor.

-La fantasía.

Staunton.

- Fuerza.

Fiabilidad.

-Andersen.

Brillo.

-Steinitz.

Profundidad. 

-Tarrasch. 

Capablanca. 

-Un maravilloso mecanismo. 

Alekhine. 

-Un buscador de la verdad del ajedrez.

claridad, 

-Lasker y por supuesto el elemento filosófico en el ajedrez. 

Un fuerte jugador de ajedrez.

-Sólo un fuerte jugador de ajedrez sabe lo mal que juega.



¿Victoria?

- El ganador de un juego es el que ha hecho al lado la equivocación pasada. Las victorias morales no cuentan.

Enroque.

- El enroque es el primer paso hacia una vida ordenada.

Columna abierta.

-Muy a menudo similar a una herida abierta.

Peones aislados.

-Para mantenerse con vida requieren de medicamentos muy caros.

¿Oponente?

- Hay realmente solamente un error en ajedrez subestimar al opositor.


Savielly Tartakower y Edward Lasker.
 
La poesía.

-¡Cuantas veces me he refugiado en ella!.

La verdad última.

-A menudo la primera mentira. Junto con la búsqueda de la verdad, cada escritor de ajedrez debe tener continuamente en mente otro deber: el de no ser aburrido! 

Sólo se puede dejar al lector juzgar, si he tenido éxito en esto. 



Tartakower termino sus días en la ciudad de Paris, sumido en la pobreza. Las condiciones friolentas dentro de su vivienda, aunado a su falta de ropa abrigadora, favorecieron que contrajera una neumonia, afección pulmonar que termino con su existencia.

lunes, 11 de mayo de 2020

Genio y locura. Morphy y Steinitz. La vida no les permitió jugar una partida de ajedrez.





Biografia de Wilhelm SteinitzWilhem Steinitz provenía de una familia de comerciantes judíos y de bajos ingresos económicos. Fue el noveno de trece hijos. Sus padres deseaban que su hijo se dedicara a estudiar el Talmud ( obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías; sus tradiciones, sus costumbres, sus leyendas e historias). Cuatro de sus hermanos, los más pequeños murieron en la infancia. Los problemas de dinero y la mala salud obligaron a Steintz a abandonar la escuela.

Wilhem pronto se interesó en el ajedrez, que había aprendido con su padre, sus progresos fueron rápidos. Fue entonces cuando Steintiz se paseaba por los distintos cafés, donde apostaba al jugar al ajedrez, por la necesidad de dinero. Convirtiéndose al poco tiempo, en el jugador más fuerte de Viena.






Morphy llevo una vida distinta, fue parte de una familia acaudalada. Paul no careció de nada. El ajedrez era practicado por todos los varones de su familia: su abuelo, sus tíos y su padre. Aprendió a temprana edad las reglas y los movimientos de las piezas del ajedrez que encendieron su imaginación. Algunas veces a la hora de comer, soltaba sus cubiertos y en el mantel cuadriculado de la mesa, ponía un problema de ajedrez, que rondaba en su mente. Pronto venció a su tío Ernest campeón de Louisana. Jugó con él sus primeros juegos, con una venda en los ojos.

Steintiz y Morphy fueron de baja estatura. Uno un jugador hosco, huraño, irritable, poco popular. El otro un caballero, delgado, de finas maneras; educado, agradable, de buen trato, que dejaba una buena impresión a quien le conocía. Predominaba en él la gentileza, de la que carecía Steinitz.

El padre de Charles Morphy consideraba al ajedrez un juego de mesa, sin aceptar que dentro del ajedrez se apostara dinero o se lucrara con el juego ciencia. La infancia de charles fue una renuncia a la vida de juegos infantiles. Su tiempo lo ocupaban una serie de estudios, donde destaco brillantemente, hasta terminar sus carrera de abogado a los 20 años.

En la siguiente frase nos damos cuenta que las enseñanzas del padre estaban en el pensamiento de Morphy. “A diferencia de otros juegos en los que el lucro es el fin, en el ajedrez las batallas se libran por honor. Si se deja que el tablero de ajedrez, reemplace a las mesas de juego, mejoraría la moral de la comunidad” Steintz jugaba por el dinero, a Paul se le inculcó que jugar por dinero, era una degradación.




Wilhelm Steinitz


Ambos tenían el don del genio. A Steinitz lo empujaba la necesidad, fue un luchador nato, superando los infortunios de la vida, por el contrario a Paul lo movía el honor, dentro de la comodidad de su clase social.


En su juventud Steinitz fue un admirador de Paul, a Wilhem le llamaban el Morphy austriaco. Ambos se llenaron de gloria y sus contemporáneos los consideraron campeones del mundo. El reinado de Morphy fue efímero, el de Steinitz muy largo. En las palabras del vienes: "El haber conservado durante tanto tiempo el título de campeón del mundo, se debe a que yo me hallaba 20 años más adelantado que mi tiempo. Jugaba bajo ciertos principios desconocidos por Zukertort y deemis demás antiguos rivales.

Mis ideas no eran comprendidas. Por fin, los jugadores de hoy día como Lasker, Tarrasch, Pillsbury, Schlechter y otros han comprendido mis principios, los han adoptado y como es natural han perfeccionado la obra iniciada por mí". Morphy muy poco después de llegar a los Estados unidos, de regreso de su gira por Europa, que duro seis meses, proclamó el fin de su afición al ajedrez.

Morphy fue a Inglaterra para demostrar que era un excelente ajedrecista, y regresó a Norteamérica lleno de gloria aduciendo siempre; que él jugaba por honor, de forma amateur y que no le interesaba jugar por dinero. Steinitz también en su juventud se traslado a Inglaterra, pero él decidió quedarse en Londres y convertirse en un jugador profesional de ajedrez.

El juego de ambos en su juventud, fue un juego de sacrificio y de ataque, donde el rey debía ser protegido a toda costa, debido a los continuos ataques. Los espectadores de estas increíbles proezas, sabían que las ganaría, el ajedrecista que poseyera mayor imaginación en la combinación.


Campeonato Mundial de Ajedrez 1886 - Wikipedia, la enciclopedia libre


Morphy y Steinitz compartieron el ser unos jugadores audaces Steinitz supo que ganarse la vida era una dura tarea. Morphy vivió siempre del dinero de su padre. Los dos escribieron columnas de ajedrez: Wilhem fue brillante en ello, Paul dejo de escribir. La pereza fue parte de su personalidad. Steinitz murió en la miseria. Morphy sin carencias, sin haber trabajado durante los años de su corta vida.

Steinitz fue conocido por su mal humor su agresividad para con los ajedrecistas, por el contrario Morphy fue toda su vida un caballero dentro del tablero.

¿Hubiese sido distinta su vida, si, su padre no se hubiese opuesto a que se ganara la vida en el ajedrez, es decir si no hubiera existido el prejuicio de ver en un ajedrecista a un vago, a un vividor, a un paria, sin oficio ni beneficio? Seguramente sí.

Morphy y Steintz compartían algo más, poseían un gran ego. Paúl logró en el ajedrez la mayor recompensa, el ser reconocido a nivel mundial. Después su inconsciente, no lo dejó dedicarse al ajedrez, y minó su psique. Cortó su vida productiva, por prejuicios y frenos culturales inculcados en su niñez.

Steinitz por el contrario, sin este lastre avanzo y fundamentó la teoría del juego moderno. Dejó atrás el juego abierto y encontró una serie de principios para defenderse, en un juego poco llamativo, cerrado, un juego de paciencia donde se acumulan ventajas. Este conocimiento le permitió ser campeón del mundo por 8 años



Paul Morphy: el campeón que odió el ajedrez

Él descubrió que no había un mejor jugador, un brujo, un mago del ajedrez. Steinitz aseguraba: " ¡Las piezas en cada lado están en un equilibrio perfecto. Para que un jugador triunfe en la partida este equilibrio debe ser alterado hasta el punto de una de las partes es impotente frente a la otra. Si no se comete un error, el equilibrio se mantiene. Uno sólo puede ganar si el rival comete un error”. Él encontró a partir de una fuerte posición defensiva, acumular ventajas, esperar el error del oponente. Steinitz reemplazo el juego romántico que compartió con Morphy en sus inicios.

Uno, se encerró en un mundo de delirio, el otro evoluciono, hasta su tropiezo con Lasker, quien lo venció. El vienes en sus propias palabras, ante la derrota se sintió roto. También debe considerarse que Willians se casó y tuvo una hija, y que esta murió a los 21 años y un par de años después, murió también su mujer. Duros golpes de la vida para un ser humano, devastadores para la mente.

Hay quien se pregunta ¿quién fue el mejor jugador Morphy o Steinitz? En su juventud Morphy, pero en su madurez Steinitz.

Steintiz, guiado por un afán de rigor y con una envidiable independencia de juicio, criticó duramente algunas de las partidas de Morphy y que el público norteamericano consideraba más bellas y perfectas.



Lecciones magistrales “Paul Morphy” – AJEDREZ CON MAESTROS


Ante las muestras de disgusto de los norteamericanos por estas críticas Steinitz declaró: “Es cierto que soy criticón y no me complazco fácilmente, pero, ¿no debe uno serlo cuando frecuentemente se escuchan juicios superficiales donde debería hacerse un análisis profundo? ¿No debe uno preocuparse si ve que los métodos anticuados siguen vigentes sólo para evitar que no se turbe la propia comodidad?" Eso diferencia al héroe Morphy, del genio creador como Steinitz, el análisis profundo y la reflexión.

Steintiz físicamente fue un hombre fuerte, vigoroso, tosco. Se le describía como una persona de cabeza grande, de frente prominente, de hombros y brazos poderosos. Cada rasgo en él denotaba más poder que gracia o belleza. De escasa estatura y cortas piernas, cojeaba ligeramente al andar. Morphy era bajo de estatura, delgado, delicado, de piel muy blanca, de rasgos finos, casi como los de una dama, impecable al vestir, un caballero educado.

Steinitz siempre sufrió la miseria quizás esto lo obligo a estudiar y evolucionar, revolucionando al ajedrez. Al no ganarle nadie, él se quedaba con todos los premios. Alguna vez le preguntaron Maestro: ¿No ha ganado usted suficientes laureles como para dejar sitio a los jóvenes?” respondiendo. “Puedo cederles la gloria, pero los premios no” Tal era su necesidad



Paul Morphy: how good was he really? | ChessBase


Steinitz y Morphy en su juventud sabían combinar, desarrollaban sus piezas y sabían que para atacar se necesitaba una superioridad estratégica previa. La originalidad de Steinitz fue que supo descubrir las ventajas, supo identificar cuáles eran los puntos débiles de una posición. Stenitiz tras ocho años de reinado perdió el campeonato en contra de Lasker, y al momento de la derrota demostró su caballerosidad, tras vencer su rey sobre el tablero, pidió: ¡Tres hurras para el nuevo campeón!

Casi al termino de su vida el vienes, sucumbió a la ilusión de que él podría llegar a ser inmensamente rico con la invención de un teléfono inalámbrico, operado completamente por la fuerza de voluntad. Él comenzó a regalar el poco dinero que tenía a los golfos de la calle. Inicio a entretenerse con extraños experimentos científicos, con ideas fantásticas acerca de la electricidad y la telegrafía sin hilos. También tuvo lapsos de furia.

Steinitz contó alguna vez:: " La desgracia de Morphy fue haber nacido demasiado rico. Cuando perdió su capital, no pudo soportarlo, y ahora tiene la idea de que existe una conspiración en contra de él, para mantenerlo sin dinero"


Paúl pago todos sus gastos de su estancia en Inglaterra y Paris gracias a la herencia de su padre. Después, ya de regreso en Nueva Orleáns, sobrevino la guerra civil. Él, su madre y su hermana, partieron a Francia donde vivieron algunos años. Poco a poco la fortuna heredada de su padre menguo. Morphy tuvo algunos episodios de agresividad intentado golpear con su bastón y retar a un duelo a un personaje de su entorno.

Charles Morphy solía pasear a la una de la tarde por la calles, comprar flores, saludar a los paseantes imaginarios. Recorrer las calles charlando consigo mismo, vestido siempre d forma impecable. Se sabe que en un día se cambiaba varias veces el atuendo. Presento episodios de manía persecutoria afirmando que lo querían envenenar y que su cuñado lo había despojado de su dinero.

Los familiares a Morphy quisieron internarlo en un psiquiátrico, al cuidado de unas monjas, pero Paul uso su oratoria, sus recursos de abogado y con gran elocuencia, convenció a las monjas de un psiquiátrico católico, de no internarlo en contra de su voluntad. A Steintiz la primera vez lo internaron en un psiquiátrico en Moscú por 40 días. Y termino sus días en un asilo mental en la isla de Ward.

La leyenda culpó tanto a Stauton, como a Lasker de la locura de Morphy y de Steinitz. Los dos tuvieron razones para detestar a Stauton. Morphy por los descalificativos que Stauton escribió sobre él en su columna semanal y su eterna evasiva de un encuentro con Paúl, hasta insinuar que Morphy no tenía los fondos suficientes para el encuentro.



Stauton.


Steinitz lo odiaba por el mismo motivo los ataques de Stauton hacia el vienes. Steinitz escribió: “Ante los ojos de Stauton, tanto Morphy como yo somos culpables de haber vencido a Anderssen “Es Statuton quien intentó por primera vez pasar ante los ajedrecistas británicos como aficionado entre profesionales y como profesional entre aficionados. Fue él quien ataco a través de su conexión con los círculos periodísticos, a los mejores maestros del ajedrez con declaraciones falsas sobre los hechos", " Él inauguró una especie de cruzada patriótica especialmente contra los maestros no ingleses, con expresiones, como los extranjeros, los mercenarios. Fue él, quien treinta años después de la muerte de La Bourdonnais, se burló de la lamentable pobreza del maestro, más grande de su época”, y recordaba las criticas de Stauton, cuando Steintiz triunfo venciendo a Joseph Henry Blackburne.

La parte final del encuentro de Steinitz contra Zukertort por el campeonato del mundo, se jugó en New Orleáns, lugar donde vivía y nació Morphy. Después de su derrota Zukertort no se recuperó nunca más de este colapso y ya sólo fue “una sombra de sí mismo”, en las palabras de Siegbert Tarrasch.

Morphy y Steiniz se conocieron en casa de Morphy y charlaron por 12 minutos. La vida no les permitió jugar una partida de ajedrez, ni siquiera una amistosa. Steintiz lo anhelaba; Morpphy no. ¡Fue el destino quien movió las piezas!

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