miércoles, 12 de octubre de 2022

La partida de ajedrez entre Stefan Zweig y Herman Hesse (Charla sobre Carl Schlechter)

 

Reinhold Völkel – Café Griensteidl en Viena (1896)

 Son lugares donde el tiempo y el espacio se consumen,
 pero solo el café́ aparece en la cuenta.
    
Sentado sobre una elegante silla de madera curvada, barnizada de rojo, miraba detrás de la ventana; la violencia del viento y el caer de la lluvia, que llamaba en los cristales.

Cerca de mí rincón, Herman Hesse y Stefan Zweig, disputaban una partida. El ajedrez colocado encima de la mesa resaltaba por la belleza de su fina madera, con la que las piezas estaban diseñadas, representando a seres de la vida cotidiana. Herman vestía una camisa con el cuello cerrado, chaleco y un arrugado traje gris, lo contrario de Zweig que lucía aristocrático y elegante.

A mis oídos llegaron sus palabras: Esta posición a la que hemos llegado -comentó Hesse, señalando el tablero- me evoca la quinta partida por el campeonato de ajedrez entre Emmanuel Lasker contra Carl Schlechter, cuya sede fue Viena. Es sabido que antes de iniciar esta partida, Carl quien no había comido por días, se desmaya, volviendo en si, por medio de las sales. La partida fue aplazada varios días, hasta que Schlechter, después de ser tratado de manera médica y alimentarse, se sintió repuesto.

Stefan menciono que supo del encuentro en 1910, -justo antes de que Sweig partiera a la India, mucho antes de establecerse en Salzburgo-, y a continuación dijo: la primera parte del encuentro fue en el club de ajedrez de la ciudad, así como en el bello Café Marienbrücke

A lo que Herman contesto: En 1911 intenté viajar a la India en compañía de mi amigo el pintor Hans Sturzenegger pero se convirtió en un viaje a Indonesia; visitamos Penang, Singapur, Sumatra, Borneo y Burma. Tiempo después cumplí mi deseo de visitar este lugar. Mi viaje a la India se convirtió en una decepción. Tan alejada de los relatos de mi abuelo Hermann Gundert, que despertaron mi fantasía, sobre este país.

Tengo presente la noticia sobre el encuentro de estos dos ajedrecistas, que se efectuó en Viena y en Berlín. En Alemania en el Hotel de Rome. Una de las partidas, me parece que la décima, se prolongó por más de tres días. Según los diarios, Schlechter necesitaba solo un empate en la décima y última partida para ganar el título; pero combatió en busca de una victoria. Esta decisión, que tan bien habla de él, lo condujo a la derrota.


Stefan Zweig 

Stefan dijo: este suceso me parece tema para un poema, un relato; la trama del libreto, de una obra de teatro. Carl Schlechter exteriorizaba una personalidad con la cual me identifico, le gustaba Viena; era amante de la naturaleza, del arte y de la ciencia. Su juego enunciaba la inmensidad y la simplicidad. Jugaba con su arte, como lo hace el viento con las hojas.

La creación sobrepasa el tiempo y el espacio. Pero el momento en el que se está produciendo es una incógnita. Nos hallamos ante un fenómeno extraño.

En 1910 me encontré en una joyería un broche, que no era otra cosa que un tablero de ajedrez de plata con esmalte opaco blanco y negro. Una soberbia joya. Esta creación me hizo ver una forma de arte, que no se basa en la ostentación, sino en lo extraordinario del diseño. La genialidad del artesano y la presencia de la individualidad, me hizo recordar a Schlechter.

Carl se distingo por ser un ser bondadoso, con un carácter tranquilo, amable. No importunaba a nadie con sus preocupaciones y sus inquietudes. Su sosiego se mostraba en su forma de hablar, en la serenidad de sus actos, incluso en su andar. Todo el mundo le quería. Considerado, su personalidad era callada y pacífica; generoso, brindaba su amistad a los demás; sociable, pensaba en el bien de los otros, y como un buen hijo, colmaba de amor a su madre. En 1910 Carl tenía 36 años de edad y vivía con su madre, una violinista y su hermana Lena.

Fue el más fuerte representante de la escuela de ajedrez de Viena, hizo suyas las enseñanzas de Steinitz. Fue un maestro con las virtudes de un caballero; entre ellas su gran sentido del honor y de la rectitud. La humanidad y el refinamiento artístico se mostraban en su modo de vivir y de jugar. Sus juegos, como el que le dio gran fama contra Bernhard Fleissig, son fruto del arte, de una sensibilidad artística que lo encumbró. Su espíritu simboliza una era que ya desapareció.


Herman Hesse

La respuesta de Herman fue: me recuerda a un asceta que contempla la naturaleza, medita y retorna a la contemplación. Yo amo la soledad, amo el entorno; las montañas, los ríos, los lagos, los desfiladeros, el mar, el cielo, las nubes, las flores, los árboles, los animales. Suelo como lo hacía Carl, recluirme durante largas temporadas, huyendo del mundo y refugiándome en mi propio interior. Siendo como soy un soñador, un ser holgazán y fantasioso, me gusta estar en algún rincón perdido, en contacto con la montaña o con la playa. La soledad para mí es independencia.

La vida apacible de la naturaleza se me ha vuelto cada vez más familiar, en ella puedo perderme completamente de vez en cuando. Por eso espero con impaciencia el comienzo de la primavera. Cuando comienza la temporada de calor y uno puede permanecer echado sobre la hierba el día entero, o medio día, siento que ha llegado mi época, y sacrificaría toda la literatura por una nube hermosa o el trino de un ave.

Una misma divinidad actúa en nosotros y en la naturaleza, y si el mundo exterior desapareciese, cualquiera de nosotros sería capaz de reconstruirlo, pues la montaña y el río, el árbol y la hoja, la raíz y la flor, todo lo creado en la naturaleza está previamente creado en nosotros, proviene del alma, cuya esencia es eternidad, esencia que escapa a nuestro conocimiento, pero que se nos hace sentir como fuerza amorosa y creadora.

Yo vivo esa oscura nostalgia por la naturaleza, por la tierra y la vegetación. Soy un santo que ama a todos los hombres, y en la práctica un egoísta, que quiere que lo dejen en paz.

Zweig interviene: He vivido los veranos más exuberantes y hermosos, con su cielo, de un azul sedoso; con el aire, dulce y sensual, los prados, fragantes y cálidos. Los bosques, oscuros y frondosos, con su joven verdor; el hermoso bosque quebrado por colinas. El cielo sin nubes sobre, los castaños y el viento entre los árboles, llenos de los trinos.

Emanuel Lasker era también un amante de la naturaleza, pasaba temporadas disfrutando los paisajes veraniegos, recorriendo el campo. Nombrar a Lasker me trae a la memoria a Albert Einstein. Los dos son grandes amigos.

A Einstein no le atrae el ajedrez, a su parecer la meta principal del juego consiste en abatir al adversario mediante la aplicación de distintos triunfos y engaños, lo cual espiritualmente le disgusta. Además, revela que después de un día de trabajo, no desea pensar más, y que de tener tiempo para el ocio, y el descanso, elegiría el navegar. Albert testifica que la monotonía y la soledad de una vida tranquila estimulan la mente creativa.


Hermann Hesse –Stefan Zweig .

Se rumorea que Lasker, únicamente para complacer a su amigo Albert invento un juego que denomino “Laska” una variedad de Ajedrez y Damas. Donde las piezas no son “comidas” sino que son hechas presas. Su liberación depende si la pieza que las ha capturado es a su vez hecha prisionera. Triunfa quien captura a la totalidad de las piezas del adversario. La idea del juego surgió en Lasker, al escuchar una conferencia del profesor de matemáticas Göttingen Edmund Landau. En 1911, en la ciudad de Berlín, se produjeron para la venta al público los primeros juegos.

El Prof. Baudet un destacado ajedrecista y violinista, se interesó por el juego de Lasker. Resultó que el alumno aventajó al maestro; pocas veces Lasker pudo vencer al Profesor, quien fue, Presidente  Fundador de la Asociación Laska en La Haya y organizó el primer torneo nacional de este juego en los países bajos. Por desgracia, el profesor murió un día antes de iniciar la competencia y el certamen se suspendió. Desconozco si hubo algún otro intento por desarrollar otro concurso.

Sweig retoma al tema: Schlechter desarrollaba sus fuerzas, como lo hace la naturaleza, aparentemente sin objeto. En su juego no había lugar para trampas o los planes ocultos. El plateaba un sano desarrollo, sin prisas, sin aferrarse a una idea fija. La armonía era su sello. Sus combinaciones fueron como flores silvestres, escondidas en el bosque, y el mayor placer esta en dilucidarlas. En sus partidas se encuentra el arte, la música de Viena, las grandes combinaciones de los maestros clásicos y el juego posicional de los jóvenes maestros. Esta apreciación no es mía, es de Richard Reti. La enunció poco después de morir Schlechter.

El misterio de la creación artística, el estado de concentración absoluta, es el elemento ineludible de toda creación, pues toda creación verdadera solo acontece cuando el artista se halla hasta cierto grado fuera de sí mismo o en éxtasis. El ajedrez es el único juego entre los ideados por el hombre que escapa soberanamente a cualquier tiranía del azar, y otorga los laureles de la victoria exclusivamente al espíritu, o mejor aún, a una forma muy característica de agudeza mental. Una obra que no se desvanece, como una flor; que no muere, como el hombre; sino que sobrevive a nuestra época y a todos los tiempos por venir. Tiene la fuerza de durar eternamente, como el cielo y el mar.

De todos los misterios del universo, ninguno es más profundo que el de la creación. Nuestro espíritu humano es capaz de comprender cualquier transformación de la materia, pero cada vez que surge algo que antes no había existido nos vence la sensación de que ha acontecido algo sobrenatural, de que ha estado obrando una fuerza sobrehumana. No vive solo el tiempo de su existencia propia, porque lo que creó y realizó sobrepasa la existencia de todos nosotros y la vida de nuestros hijos y nietos. Ha vencido la mortalidad del hombre y ha forzado los límites en que, por lo común, nuestra vida queda encerrada inexorablemente.


Hesse.

  ¿Por qué estos artistas no nos explican la experiencia más importante de su vida? ¿Por qué no nos describen su modo de crear? La fórmula verdadera de la creación artística no es inspiración o trabajo, sino inspiración más trabajo, exaltación más paciencia, deleite creador más tormento creador.

Hesse pronuncia: Decía Goethe "No se conocen las obras de arte cuando se ven acabadas; hay que verlas también en su proceso de elaboración. Terminar la obra de "Fausto" le llevó a Goethe toda la vida. La labor del arte es ayudar a vivir.

Lasker envió una nota al New York Evening Post: "El partido con Schlechter está llegando a su fin y parece probable que, por primera vez en mi vida seré el perdedor. Si eso ocurre, un buen hombre habrá ganado el campeonato”. Lasker intuía su derrota.

Terminada la Guerra Mundial, Schlechter se encontró de una situación de bancarrota, la cual lo llevo al hambre, a la desnutrición y al agotamiento; la carencia de carbón para mitigar el frío, fue otra causa para que contrajera una neumonía, que fue la causa de su muerte ¡Como hubiese cambiado su vida el triunfar sobre Lasker y recibir la bolsa del premio!

El nombre completo de Carl, fue Carl Adalbert Hermann Schlechter. El abuelo de Carl Friedrich Wilhelm Karl Schlech, fue un dramaturgo que escribió bajo el seudónimo de “Carl Haffne” y su padre, Adalbert Eduard se dedico a la música.

En el colegio Schlechter se comporto como un niño, triste, tímido y frágil. Fue un niño, enfermizo, delgado, con un tierno comportamiento. Académicamente, tenía la sensación de que nunca sería tan bueno como sus condiscípulos. Había renunciado a concursar por las medallas que otorgaban -decía- los mostrencos.

A los trece años se encontró jugando al ajedrez. Su inferioridad orgánica la subsanó fortaleciendo su intelecto, desarrollo con destreza su aptitud. A los 12 años resolvía con maestría numerosos problemas de ajedrez. Su auto valía la encontró dentro del ajedrez. Perseverante finalizo sus estudios de comercio. Aunque aquella mirada triste nunca lo abandono.

Desarrolló una preocupación social en el sentido más amplio; de cuidado por el otro, por la familia, _ en la atención a su madre y a su hermanastra por la comunidad, por la sociedad, por la humanidad, por la naturaleza, por la misma vida. La preocupación de ser útil a los demás.

Cuando su madre preocupada por Carl, por abandonar este su trabajo - cuyo salario significaba una entrada segura- con la finalidad de dedicarse al ajedrez, acudió al médico Samuel Gold, amigo de la familia, quien le exhibió a su hijo, los primeros problemas de ajedrez, _ después se convirtió en su maestro cuando Carl, contaba a penas con 13 años

Ante el ruego de la madre, Samuel le recomendó, que su hijo asistiera a la consulta de su colega Alfred Adller, quien postulaba un modelo psicológico centrado en las influencias del medio social y familiar en el carácter del sujeto.

Cuenta Carl, que Adler le recibió en su consulta y le invito a sentarse enfrente de él, que el diálogo fue cordial y que Alfred no intento comportarse como una figura autoritaria y eso lo alivio. Que reino durante la charla el afecto y una disposición por escuchar y por comprender, por parte de los dos; a partir de una genuina relación humana.

Aldler expuso, que su orientación no tenía nada de vergonzoso, y, que un análisis subsecuente podría revelar los mecanismos psíquicos, que en su infancia prefijaron su complejo de inferioridad, y la confusión de sus sentimientos.

Que volvió más veces a su gabinete, -donde confirmo que su elección libidinal, no se podía determinar como una psicopatología, que él sabía amar y cuidar como había sido amado por su madre y la valía de su decisión de dedicarse a jugar al ajedrez.



Carl Schlechter.

  Este mirar dentro de su interior, le hizo entenderse a sí mismo. Le dio armonía y paz. Descubrió que una persona debe escoger y decidir entre varias opciones; que una persona crea su propia personalidad, su estilo de vida. Que sentía un impulso, un propósito y aguardaba conseguir dentro del ajedrez una nueva meta en su futuro. Las charlas con Aldler le confirmaron su objetivo el desarrollo de las potencialidades del ser humano y mirar al futuro con optimismo.

Carl menciono que las palabras de Adler le ilustraron: Ver con los ojos de otro, escuchar con los oídos de otro, sentir con el corazón de otro y que el psicólogo concluyó: por el momento esa me parece una definición aceptable en su forma de vivir, que yo nombro un sentimiento social.

A continuación Hesse recitó: “Dispuesto debe estar el corazón a cada llamada, de la vida para despedirse y comenzar de nuevo, para darse a otras ataduras, distintas y nuevas, sin aflicción y con valentía. Y cada comienzo lleva en sí una magia que nos protege y nos ayuda a vivir”

Stefan Zweig pronunció un poema de Hesse “La verdad del árbol”

“Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos. Los respeto cuando viven en poblaciones o en familias, en bosques o en arboledas. Pero aún los respeto más cuando viven apartados. Son como individuos solitarios. No como ermitaños que se hubieran recluido a causa de una debilidad, sino como seres grandes y aislados, como Beethoven o Nietzsche. En sus ramas más altas susurra el mundo y sus raíces descansan en lo infinito; pero no se abandonan ahí, luchan con toda su fuerza vital por una única cosa: cumplir con ellos mismos según sus propias leyes, desarrollando su propia forma, representándose a sí mismos. Nada es más sagrado, nada es más ejemplar que un árbol fuerte y hermoso”

Cuando usted -Sweig se dirige a Hesse- menciono a Alfred; lo coligué a la escuela que fundó, después de separarse de Freud, la de la psicología individual.

Adler escribió: “El estilo de vida de un árbol es la individualidad de un árbol, expresándose y moldeándose en un ambiente. Reconocemos un estilo cuando lo vemos contrapuesto a un fondo diferente del que esperábamos, por lo que somos conscientes entonces de que cada árbol tiene un patrón de vida y no es solo una mera reacción mecánica al ambiente”. Aldler asumía que el hombre decide su estilo vital, y cómo maneja sus problemas, sus relaciones con la gente que le rodea.  



Viktor Tietz, Richard Teichmann y Carl Schlechter in Karlsbad 1911

  Carl fue un castaño en la espesura, ese árbol símbolo de la verdad, de la generosidad, y de la justicia.

En ese momento, un atronador ruido, se escuchó en la parte norte del salón, al caer sobre las ventanas del invernadero, la enorme rama de un árbol. El ruido sobresaltó los corazones de quienes nos encontramos en el café, unos jugando al ajedrez, otros en amena charla. Después del alboroto, de retirar el madero, cada quien volvió a su ocio y Herman reanudó su charla:

Schlechter fue un ser considerado, recibió en su casa a Richard Reti a solicitud de su hermano, el músico Rudolph Reti, cuando este contaba apenas con 12 años de edad. Al parecer jugo dos partidas con el niño. Al final comentó: “Usted jovencito me ha dado algún problema para vencerlo. Para su edad, esto es, sin duda, excepcional”.

Tercia Zweig: Carl fue un hombre ecuánime y justo. Pero me parece que esta forma desprendida de ser, actuaba a veces en contra del mismo. Schlechter quien rechazó pugnar por los premios de belleza; reflexionaba así: “Ya he ganado suficiente, dejemos algo a los demás”.

E n Carl vivía esa dualidad que nos acompaña. Su juego expresaba la tranquilidad de un juego posicional, esperando el error, pero en otras partidas, nos instruye de que está al tanto de la táctica, que es preciso desarrollar, sobre el campo de batalla, en que se transfigura un tablero.

Hesse menciona: En nuestra existencia se tiene que ser como en el ajedrez, donde usamos las piezas que sirven en ese momento, así de acuerdo a cada circunstancia habría que utilizar diferentes personalidades.

Stefan frunciendo el ceño, apunta. Me parece atrayente la propuesta, pero dentro del concepto se esconde la esquizofrenia.

Herman Hesse argumenta: Existe una idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente. El hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad pueda dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que solo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos sub-yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan pensar y la experimentación.

Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por “normales”, y hasta por representar un gran valor social, que están irremisiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por esto la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo, le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas, crean una grama con un puñado de figuras, así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas.

Fue entonces que pasó algo mágico. Hesse, cogió las figuras del ajedrez, las figuras que encarnaban a los ancianos, a los jóvenes, a los niños y las mujeres, a la nobleza. Todas las piezas; las alegres, las tristes, las vigorosas y las débiles, las ágiles y las pesadas; las ordenó con rapidez sobre el tablero, formando una combinación, en la que aquellas se reunían al punto en grupos y familias, en juegos y en luchas, en amistades y en bandos enemigos, reflejando el mundo en miniatura. Ante nuestros ojos hizo moverse un rato al pequeño mundo lleno de agitación, y al mismo tiempo tan en orden; lo hizo jugar y luchar, concertar alianzas y librar batallas, comprometerse entre sí, multiplicarse; era en efecto un drama de muchos personajes, interesante y movido.

Luego pasó la mano con un gesto sereno por el tablero, tumbó suavemente todas las figuras, las juntó en un montón y fue reconstruyendo, con las mismas figuras, un juego completamente nuevo, con grupos, relaciones y nexos diferentes en absoluto. El segundo juego se parecía al primero; era el mismo mundo, estaba compuesto del mismo material, pero la tonalidad había variado, el compás era distinto, los motivos estaban subrayados de otra manera, las situaciones, colocadas de otro modo.

Esto es arte de vivir –dijo Hesse- Usted amigo Zweig puede ya de aquí en adelante seguir conformando y animando, complicando a su capricho el juego; está en su mano.

Así como la locura, en un grado superior, es el principio de toda ciencia, así es la esquizofrenia, el principio de todo arte, de toda fantasía. Hay sabios que se han dado cuenta ya de esto a medias, como puede comprobarse, por ejemplo, en El cuerno maravilloso del príncipe, un libro encantador, en el cual el trabajo penoso y aplicado de un sabio es ennoblecido por la cooperación genial de artistas locos y encerrados en manicomios.

Locuaz Herman prosigue: durante la guerra, mi primera esposa María Bernoulli enfermó y presentó, varios episodios de esquizofrenia. Yo me encontraba inmerso en una severa crisis emocional, por mi divorcio, por la recién muerte de mi padre y la enfermedad de mi hijo. Recurrí al análisis, primero con Joseph Bernhard Lang, después me atendió su maestro, Carl Gustav Jung. Durante este tiempo de mi psicoanálisis, pinte y escribí un diario de sueños.

Estefan lo interrumpe y explica: en los albores de la humanidad, una de las primeras ciencias fue la interpretación de los sueños: antes de cada batalla y de cada decisión, después de una noche transida de sueños, los sacerdotes y los sabios examinan e interpretan sus imágenes como símbolos de un bien próximo o de un mal inminente.

Antes de Freud, el mundo era realmente diferente. Gracias a él, hoy sabemos que los sueños son la clave, para saber de nuestro inconsciente. Ninguno carece completamente de sentido, todos tienen, en tanto que actos psíquicos perfectamente válidos, un significado determinado. Son la revelación, no de una voluntad superior, divina y sobre humana, pero sí de la voluntad más íntima y secreta del hombre. El psicoanálisis ha sabido acercar al hombre a su propio Yo más que cualquier otro método espiritual anterior.



Arthur 
Schnitzler

  El siquiatra, dramaturgo y novelista Arthur Schnitzler contemporáneo de Freud y asiduo visitante del Café Griensteild escribió:

Y acuérdate que cada noche nos fuerza
A descender a un mundo desconocido,
Privados de nuestra fuerza y, nuestra riqueza ...
Pues toda la abundancia y las adquisiciones de la vida
Tienen poco peso frente a los sueños,
Que nos encuentran inertes al dormir.

Freud lo consideraba su alma gemela y dijo; “Schnitzler recorre un camino paralelo a mi propio desarrollo. El expresa poéticamente lo que yo intento comunicar científicamente”

Hesse se dirige a Zweig: Con Jung viví una difícil situación que apenas podía soportar, la conmoción de un análisis doloroso, porque llega hasta el tuétano. Me habría gustado continuar el psicoanálisis con Jung, pues tanto por su intelecto como por su carácter es una persona espléndida, llena de vida, genial. Le debo mucho y me alegro de haber podido estar con él durante ese tiempo.

A partir del análisis de mis sueños descubrí el concepto de arquetipo, en ellos se hacían evidentes la presencia de imágenes y símbolos que no podían emanar de mi experiencia personal. Cada uno de nosotros contiene el ser total del mundo, y del mismo modo que nuestro cuerpo integra toda la trayectoria de la evolución. Entendí que yo deseaba tratar de vivir aquello que intentaba salir de mi interior. Nunca deje de ser un adolescente con sentimientos de extrañeza; de sentirme ajeno en un mundo de normas y compromisos y estructuras sociales y familiares que me resultan, desoladoras e incomprensibles.

La facultad de saber sufrir es más que la mitad de la vida, y de hecho, es toda la vida. Se sufre al nacer, se sufre al crecer; la semilla soporta la tierra, la raíz sufre la lluvia, el capullo sufre el florecimiento. Y de la misma manera, el hombre sufre su destino. El destino es tierra, lluvia y crecimiento. El destino duele. Nada le es más desagradable a un hombre que tomar el camino que conduce a sí mismo.  



En esta mesa se jugó el Campeonato del Mundo Emanuel Lasker 
contra Carl Schlechter  en 1910 en el Café Viena a Marie 
Puente Rotenturmstraße 31 –Foto Museo de Viena-

  Zwieg lo interrumpe: para nosotros el crear es una lucha continua entre la consciencia y la inconsciencia. Sin estos dos elementos no puede realizarse el acto artístico.

Hesse retoma su discurso: analicé con Jung mi infancia, que tenía puntos de contacto con este clínico suizo. Los dos tuvimos padres con delirios religiosos, sufrimos los abusos de una educación severa, tan rígida que intentaban romper a toda costa nuestra voluntad, nos hacía contemplar como un bálsamo la idea del suicidio.

En mi juventud hui del seminario, transité por diferentes instituciones y escuelas. Durante nuestra etapa de formación nuestros maestros servían a los mismos intereses, nos indicaban constantemente qué hacer, qué evitar; anulando nuestras propias elecciones, invalidando nuestras disposiciones, con mecanismos de represión, ejerciendo un férreo control.

La rigidez de los métodos; la desmedida ambición de nuestros padres, la inconsciencia de los maestros y la esterilidad de un sistema, se ensañaba sin compasión con nuestra alma y marchitaba nuestra alegría de vivir.

La responsabilidad, el trabajo lo aprendí de la conducta de mi padre, pero las secuelas son mi obsesiva conducta, la depresión, los sentimientos de culpa, de inferioridad, y la migraña.

A nuestros padres y preceptores, les importaba, sobre todas las cosas, la esperanza que depositaron en nosotros, que se traducía en el triunfo académico; sin interesarles, nuestro fracaso como seres humanos. Si deseábamos que nuestros padres nos quisieran, debíamos portarnos “bien”

Perdíamos primero la sensibilidad y más tarde, el equilibrio emocional. Recuerdo ese mundo en la escuela de latín en Göppingen, donde estudie, donde se aprendía a obedecer.  


Jung            Y        Hesse

El análisis con Jung me permitió la reintegración, recuperar la personalidad que de alguna manera perdí con mis padres y educadores. Recupere una identidad intelectual propia.

Personalmente, el análisis me sirvió, como lo hizo la lectura de algunos libros de Freud y de Jung. Hoy soy un hombre que busca, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí.

Mi historia, usted lo sabe Sweig, no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos.

Stefan Zweig rememora: el liceo Wasa-Gymnasium, a su odiado instituto a donde concurrió durante ocho años y a sus profesores: Nuestros maestros no eran ni buenos ni malos, ni tiranos ni compañeros solícitos, sino unos pobres diablos que, esclavizados por el sistema y sometidos a un plan de estudios impuesto por las autoridades, estaban obligados a impartir su "lección” igual que nosotros a aprenderla.

Ellos, se sentían tan felices como nosotros cuando, al mediodía, sonaba la campana que nos liberaba a todos. No nos querían ni nos odiaban, aunque tampoco había motivos para ninguno de estos sentimientos, pues no sabían nada de nosotros; aun al cabo de varios años, con excepción de unos pocos, seguían sin conocernos por el nombre.

Se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar, y nosotros, para contestar; aparte de esta, no existían entre los dos colectivos relación alguna. Y es, que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el Alto visible y el Bajo, igual de visible, se levantaba la invisible barrera de la "Autoridad" que impedía cualquier contacto. A mi juicio, nada resulta más característico que la total falta de relación que, tanto en el terreno intelectual como en el anímico, existía entre nosotros y los maestros.

Me he olvidado de los nombres y los rostros de todos ellos. A lo mejor porque siempre permanecimos ante ellos con los ojos bajos. Pero sí recuerdo la tarima y el diario de clase, al que siempre intentábamos echar una mirada con el rabillo del ojo porque en él se registraban nuestras calificaciones.

Stefan pregunta a Herman ¿Joseph Bernhard el psicoanalista, alumno de Jung, es Pistorius, en tu novela? Supongo que las charlas terapéuticas que se reproducen en su libro “Demian”, son tus propias vivencias. La obra está llena de referencias al simbolismo psicoanalítico de Jung.

Herman asiente y continúa: todas las sesiones ayudaban a raspar pieles de mí, a romper cáscaras de huevo, y después de cada una la cabeza se alzaba un poco más, algo más libre, hasta que mi pájaro amarillo eclosionaba como un hermoso pájaro con cabeza de depredador saliendo de la destruida cáscara del mundo.

El camarero me trajo una tarta de chocolate, la especialidad de la casa. Solícito, me comentó, sí deseaba una mesa que se había desocupado. Le agradecí su gentileza y él se retiró. Así que por paladear la tarta, me perdí parte de la charla.

Oí decir a Hesse: a comienzos de la Primera Guerra Mundial escribí un artículo que se publicó en el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung titulado “Amigos, no en ese tono”, solicitaba a los intelectuales alemanes a ocuparse menos de las disputas nacionalistas y a demostrar más humanidad. El resultado fue el acoso, el odio y el rechazo. Fueron días terribles y difíciles, los días de la guerra, fueron de lucha, sufrimiento y soledad, nunca me fue perdonado en Alemania haber adoptado una actitud crítica hacia el patriotismo y el militarismo. No reniego del patriotismo, pero primeramente soy un ser humano, y cuando ambas cosas son incompatibles, siempre le doy la razón al ser humano.

Cuando el intelectual se siente obligado a participar en la vida política, cuando el curso de la historia lo destina a ello, tiene que obedecer irremisiblemente. Ha de oponerse, en cambio, tan pronto sea llamado o presionado por una fuerza externa, por el Estado, algún grupo de generales o quienes detenten el poder, como ocurrió 1914, cuando la élite de los intelectuales alemanes fue, en cierto modo, obligada a firmar manifiestos falaces y absurdos.

La salvación y la continuación de la cultura europea serian posibles reencontrando el arte de vivir y el patrimonio común espiritual. Sigue siendo una incógnita que la religión pueda superarse o sustituirse. Nunca he comprendido con tan inexorable claridad como en los pueblos de Asia que la religión o su "Ersatz" es lo que más profundamente nos falta.

Todo el Oriente respira religión, como el Occidente respira razón y técnica. Nuestra misión como seres humanos es: dentro de nuestra vida propia, única y personal, adelantar un paso en el camino de animal a ser humano.

Zweig exteriorizó:

Fui testigo del predominio de los instintos sobre la razón consciente en la psicosis colectiva de la Guerra Mundial: nunca como en aquellos años apocalípticos se había hecho tan horriblemente visible lo tenue que sigue siendo la capa de humanidad que cubre el delirio homicida de los hombres, desenfrenado lleno de odio, y cómo basta una simple sacudida del inconsciente para echar abajo todos los audaces edificios del espíritu y todos los templos de la moralidad.

En estos momentos ha visto sacrificar la religión, la cultura, todo lo que ennoblece y eleva la vida consciente del hombre, al placer más salvaje y primitivo de la destrucción; todas las fuerzas santas y santificadas de la humanidad se han mostrado una vez más infantilmente débiles ante el instinto ciego y sediento de sangre del hombre primitivo.Toda la educación y toma de conciencia de la humanidad resultó impotente frente a su inconsciente.

Carl, el ajedrecista, sobrellevó los mismos métodos de instrucción que nosotros, después estudio comercio, abandono su trabajo, y se dedicó al ajedrez. Pacifista, fue una víctima de la primera guerra, su alma generosa sucumbió ante la barbarie de la destrucción, del desastre y del hambre. Antes de 1914 el mundo pertenecía a todos los hombres; después de la conciencia del mundo quedó anestesiada, ya tan acostumbrada a la inhumanidad, a la injusticia y a la brutalidad como nunca lo había estado. La ciencia avanzó, se renovó. Se usó el gas; las bombas, los dirigibles, los tanques, los lanzallamas, los hidroaviones, los dirigibles y los submarinos. Solo para destruir al otro.

El mundo ya no era el mismo de antes de la guerra. Toda una generación de jóvenes dejó de creer en sus padres, en los políticos y en los maestros: leía con desconfianza cualquier decreto, cualquier proclama del Estado. La inflación, en Austria, duró hasta 1923 con su hambre, su penuria y miseria.

Seguramente el ajedrez como actividad intelectual fue un bálsamo para Carl en los días de la guerra, lo resguardo de los estragos que produce en la psique, la deshumanización. Ciertamente, el ajedrez mitigo en Carl, la desdicha de los días de hambre y de las noches de intenso frío. Estoico nunca se lamentó, ni busco la conmiseración de nadie.

Al enfrentarme a la realidad, al mirar a los soldados heridos, en un campamento, se me abrieron los ojos, y miré lo inhumano y lo atroz de la guerra. Deje atrás cualquier vestigio de patriotismo. No deseaba ninguna victoria ni derrota sobre nadie. Hice saber mi enemistad contra la guerra en el mundo.  


Alexander Alekhine y Efim Bogolyubov, 1929

Hesse asegura: sé de prisioneros que dentro de su cautiverio, el ajedrez fue su amparo. Es el caso de Alekine que jugaba a la ciega con Bogoljubov.

Zweig responde: en el fondo, el atractivo del ajedrez descansa únicamente en el hecho de que su estrategia se desarrolla de distinto modo en dos cerebros; que en esa guerra espiritual, el negro ignora las maniobras e intenciones del blanco, aunque trata continuamente de adivinarlas y malbaratarlas, mientras que el blanco, a su vez, procura adelantarse y frustrar los propósitos inconfesos del negro. Ahora bien, si el negro y el blanco quedaran representados por una y la misma persona, se produciría la contradictoria situación de que un cerebro debería al mismo tiempo saber algo e ignorarlo.

Sería necesario que jugando en función del blanco, pudiese olvidar totalmente, como siguiendo una orden, lo que un minuto antes había querido e intentado representando al contrincante negro. Semejante pensamiento doble supondría en realidad una división absoluta de la conciencia, un abrir y cerrar a discreción de un como obturador del cerebro, similar al de un aparato mecánico; querer jugar contra sí mismo significa, pues, en materia de ajedrez, igual paradoja que saltar sobre la propia sombra.

Mientras Sweig ordena las piezas del ajedrez que Herman desordenó. Hesse le explica a Stefan: Se nos han ido acumulando todo tipo de vivencias que nos unen, yo suelo mecerme de vez en cuando, con placer y gratitud, sobre ese puente colgante, y entonces pienso en usted con un sentimiento de amistad. Alguna vez llegare a saber jugar mejor el juego de las figuras. Alguna vez aprenderé a reír.

Responde Sweig: Me he preguntado, sí, llamarle juego al ajedrez, ¿no es limitarle? ¿No es también una ciencia, un arte algo sutil que está suspendido entre uno y otro jugador, como el féretro de Mahoma entre el cielo y la tierra? El origen del juego del ajedrez se pierde en la noche de los tiempos, y, sin embargo, resulta siempre nuevo; su marcha es mecánica, pero su resultado se debe siempre a la imaginación de los jugadores; está estrechamente limitado a un espacio geométrico fijo, y, sin embargo, sus combinaciones son ilimitadas. Persigue un desenvolvimiento continuo, pero permanece estéril. Es un pensamiento que no conduce a nada, una matemática que no establece nada, un arte que no deja obra, una arquitectura sin materia.

Ha demostrado, sin embargo, ser más perdurable, a su modo, que los libros o que cualquier otro monumento, este juego único, que pertenece a todos los pueblos y a todos los tiempos, y del que nadie sabe cuál de los dioses hizo don a la tierra para matar el tedio, para aguzar el ingenio y estimular el alma.

Años después, de haber prestado atención a su charla, cuando jugaron al ajedrez Stefan y Hermann, por los diarios me enteré del suicidio de Zweig, así como del premio Nobel de literatura que se le otorgó a Hesse.

La noche anterior a su muerte, Estefan había jugado al ajedrez con Gabriela Mistral, recordado la alegría de sus días de juventud, los instantes dichosos de su época universitaria sin universidad, _como Sweig solía decir_ con todo el tiempo libre para leer, para visitar las bibliotecas, los teatros, los salones de música y los lugares de reunión, como fueron los cafés.

Habló del vienés Georg Franz Kolschitzky que por el año 1670 gestiono la primera licencia oficial para vender café en un establecimiento y que nombro: “La botella azul” Menciono a la emperatriz María Teresa de Austria, y la época en que inició la costumbre de poner a disposición de los clientes del café, los diarios de Austria como el “Neue Freie Presse” _donde Alfred Adler, publicó, una defensa de Sigmund Freud, quien fue atacado por este diario, por sus teorías psicoanalíticas_ y la prensa de otros países europeos, así como algunas revistas literarias como “Fackel” que editaba Karl Kraus o con tintes políticos como “Pravda”, que durante los siete años preliminares a la gran guerra imprimió Trotski. Habló de otras revistas antiguas, fuera de circulación, tan releídas como “ Ver Sacrum”.

Así como del periódico judío que versaba sobre el Ajedrez el "Shahtsaytung Erste Yidishe" cuyo redactor fue Gersz Salwe, un notorio ajedrecista y acaudalado industrial, que lidio contra Carl, en varias ocasiones. Una de ellas en Rusia, en este encuentro, Carl creó un genial sacrificio. Lasker menciono que este ofrecimiento de Carl era ventajoso, lo aceptara o no Salwe. A esta partida se le concedió el premio de belleza.  



El café abrió sus puertas en 1860 convirtiéndose a finales
 del siglo XIX en uno de los puntos de encuentro más
 importantes de la intelectualidad vienesa.

Stefan menciono; el Café Griensteidl, a quien Zweig nombraba el “cuartel general de la literatura joven“, también el Café Central de quien Franz Werfel, hizo una descripción: “Inolvidable la primera impresión: ¿por qué es tan inmenso este antro? ¿Y qué luz es ésa?... Un poco, especialmente catedralicia. La bóveda está invadida por una cortina de cigarro (que son las sofocantes emanaciones de incienso de esta iglesia). Un anexo, el salón de ajedrez, da a la calle. Allí cae un impertinente, molesto, hiriente golpe de sol veraniego”.

 Reseñó la dinámica de los sus parroquianos del Café Central, dijo; “Gente que necesitaba de la soledad, pero en compañía. La ausencia de una relación íntima entre los asiduos de los cafés, se convierte de tal manera en una relación en sí misma, el vínculo que establecen todos aquellos que tienen como objetivo común matar el tiempo antes de ser consumidos por su paso“

A este lugar asistían: Arthur Schnitzler, Alfred Adler, Alfred Polgar, Peter Altenberg, Leon Trotsky , el propio Sweig; y tantos ajedrecistas, como: Savielly Tartakower y su hermano, así como: Rudolf Spielmann, Richard Reti, Ernst Grünfeld, Heinrich Wolf y Milan Vidmar, que al Café se le conocía también como: “La escuela de ajedrez“.

Nombró otros lugares, adonde acudían otros ajedrecistas, como fueron el Café Frey, la cafetería Laudon y el Café del Museo, con su soberbia sala de los espejos. Y describió los cafés; Landtmann, el predilecto de Freud; el Sperl con su perfecta y bella sala de billar. Por donde desfilaron artistas, escritores, pintores, arquitectos, compositores, músicos, militares y actores. El Café del Hotel Sacher, donde se podía paladear la deliciosa receta de la tarta de chocolate, creada por Franz Sacher.



En un momento menciono que Carl Schlechter, visitaba algunos de estos sitios de reunión, de lectura y de alegría, con sus polkas, sus valses, y sus originales debates. Donde las ideas nuevas, suscitaban eternas discusiones.

Sweig historió que Josef Hrdina, un rico industrial, mecenas del ajedrez y ajedrecista se enfrentó a Carl Schlechter en Viena, durante la quinta edición del torneo en memoria de Leopold Trebitsch. _ Schlechter gano seis de los nueve primeros torneos Trebitsch_

Se acordó de su primer viaje a la ciudad de Nueva York, de su encuentro casual, -en la calle donde se situaban las oficinas del “El Sol” un periódico de Nueva York, - con el ajedrecista Samuel Gold; quien fue el único maestro de ajedrez que tuvo Carl, y que ya arraigado en esta ciudad, publicaba sus problemas de ajedrez en este diario. Se ufano de los tres problemas de ajedrez que esa ocasión le autografió Samuel.


Lasker-Schlechter 1910.

Zweig contó: en Carl vivía esa dualidad que nos acompaña en nuestra vida. Su juego expresaba la tranquilidad de un juego posicional, la de un felino que, con paciencia, persiste a la espera de un desliz; pero en otras partidas, cuando se decidía, era un lince, excesivamente preciso, contundente y resuelto en su ataque.

Estefan prosiguió: Cuando Lasker en el trascurso del match nunca pudo asaltar la posición defensiva de Carl, cuando la aparente fragilidad de Carl, había logrado sobre el campeón, partida a partida, una importante ventaja psicológica, contrario a lo esperado, Schlechter arremete con ímpetu en contra de Lasker, jugando al todo o nada, logrando una posición privilegiada.

En ese preciso instante, su personalidad moderada, le hubiese asegurado un empate y la corona. Pero su inconsciente, le exige conducirse con honor, y con arrojo. Siendo el mejor vienes, en el arte de la defensa, deja atrás su hábito de jugar a lo seguro. Y reta la mirada penetrante, de los ojos negros de Lasker.

Los más de 400 espectadores que pagaron un boleto, entre ellos muchos vieneses que se trasladaron a Berlín, se encuentran electrizados, respirando la densa nube de humo, procedente de los cigarrillos y los puros encendidos; saben que por primera vez Lasker, se encuentra contrariado, por el oprobio de su desventaja.

Carl los mantiene en la cuerda floja y les eriza el pelo, mirar como el retador, se vuelve impulsivo y se expone, intentando establecer que es un vencedor. La sobreexcitación proviene, porque están al tanto, de que Carl tiene asegurada la corona con un empate, y no desean que esta oportunidad se desvanezca por la imprudencia, pero, en cambio, les emociona la dignidad del vienés, la posibilidad que Schlechter venza por segunda vez al Campeón. Pasiones contradictorias que provocan la aceleración del pulso y el estremecimiento de la multitud.

El subconsciente de Carl lo impulsa, lo traslada de un error a otro, durante dos fatigosos días, para finalmente forzado por Lasker, cambiar las damas y perder la partida, dejando escapar, ese momento estelar de la gloria, que pocas veces se muestra en la vida.

Esa dualidad hace que un ser pacífico y justo, se indigne, se subleve cuando se le otorga a Lasker un reloj de oro, que Hugo Jackson, dueño de un negocio de arte en Berlín, -el mismo donde Zweig encontró el broche de plata en forma de un tablero de ajedrez- donó como premio al vencedor del encuentro.

Schlechter enardece, porque para él no existe un vencedor, ni un perdedor dentro del encuentro y se rehúsa a participar en la ceremonia de clausura. Esta honorabilidad –continuó Stefan- fue constante en todos sus actos, cuando él sabía que su oponente requería de unas tablas, su cortesía las concedía, incluso en las posiciones donde tenía ventaja. Como un vienes de la época lo impulsaba un sentimiento de la justicia y la búsqueda de la verdad.

Su beneplácito fue jugar al ajedrez, y durante los encuentros, no humillar, ni rebajar a nadie. Nunca se aprovecho de ningún tipo de ventaja. Jamás jugó con superioridad de tiempo, restaba este a su reloj, si el oponente llegaba tarde a la partida. Siendo un caballero rompió más de una lanza por los ajedrecistas más jóvenes. Carl era un ser excepcional, culto y de una conversación brillante. Contó, que había pasado gratas horas, resolviendo los problemas de ajedrez ideados por Schlechter.


"Los huéspedes del Café Central se conocen, se quieren y se desprecian.
 Todo el mundo sabe acerca de todos los demás. El Café es un nido provinciano
 en el útero de la metrópolis, humeante de chismes, envidias y murmuraciones.

 Creo que los peces en el acuario deben vivir como los habituales de este café, 
siempre en círculos muy estrechos unos alrededor de otros, siempre
 ocupados sin propósito". Alfred Polgar


Rememoró Viena, la capital cultural de Europa Central en la que convivían más de 50 millones de habitantes de 15 nacionalidades. Sus ojos se humedecieron al hablar de su tierra natal, de su gente, con su tranquilo y noble estilo de vida. 

Charló amenamente con Gabriela Mistral sobre la novela “La marcha Radetzky” texto de su amigo Joseph Roth una narración nostálgica del derrumbe de la Monarquía Austrohúngara, que para Roth también significó; un volver atrás, en la historia de la humanidad.


Y narró su intento de escribir una autobiografía cuyo título tentativamente fue: “Mis tres vidas”, pero melancólico, le confesó a Gabriela que su vida carecía de interés y que, en cambio, había terminado una obra  “El mundo de ayer “ donde hablaba de Austria; de las personas que había conocido y de los sucesos que vivió, de una geografía y de un tiempo que ya no retornaría.

Stefan señaló: Antes de morir, Freud le escribí: tenemos que permanecer firmes, no tendría sentido morirse sin haber visto el descenso de los criminales a los infiernos. _el escritor se refiere a los nazis, a quien Joseph Roth amigo de Zweig acusó de haber instaurado “la filial del infierno en la tierra”_ hoy de eso, ya no estoy tan seguro. Estoy profundamente empobrecido por dentro. Concluyó el literato.

Habló sobre su trastorno ciclotímico, _maniaco depresivo_ que conllevó, lo mismo que Freud y expuso: mi depresión, auspicia mi recogimiento solitario; es un ingrediente positivo, la antesala sobre la que surge mi proceso creativo, con capacidad para tolerar la espera sin concluir; continuar por días investigando, para ampliar el conocimiento, postergar el deseo de concluir la obra, y a la vez prosperando en el proceso azaroso de la creación.

Quizá fue su último momento de alegría, el recordar a una tía suya que en la noche, de su luna de miel, huyó despavorida a casa de sus padres, horrorizada porque su marido había pretendido desnudarla; actitud que contrastaba -aludió el escritor- con la de Alma Marie Schindler , esposa de Gustav Mahler director de la Ópera de Viena, y quien se relacionó eróticamente, con los más grandes intelectuales de la época.

Gustav Mahler convino con el doctor Sigmund Freud presentarse en su consulta, para tratar la neurosis que padeció a raíz de la infidelidad de Alma su atractiva esposa, mucho más joven que el compositor. Me parece que mi tía, también requería de un maratónico análisis. Remato Sweig con una sonrisa.

Luego regresó a su casa y escribió varias cartas de despedida, una de ellas a su primera esposa Friderike Maria Burger von Winternitz dando las razones por las que había decidido quitarse la vida junto a su segunda mujer Elisabeth Charlotte Altmann:

“Cuando recibas esta carta yo me sentiré mucho mejor que antes. Ya viste cómo estaba en Ossining y cómo después de haber pasado una temporada buena y sosegada mi depresión se hizo mucho más aguda... sufría tanto que no era capaz de concentrarme. Y luego, la seguridad -única seguridad que teníamos- de que esta guerra va a durar años, de que pasarían muchísimos años más antes de que nosotros, dada nuestra situación especial, pudiéramos volver a instalarnos en nuestro hogar; cuán deprimente todo ello nos resultaba.


Petrópolis.

  Petrópolis, al principio, me gustaba mucho, pero no tenía los libros que necesitaba y la soledad, que me había causado un efecto sedante, había empezado a ser intolerante, opresiva. La idea de que mi obra cumbre. El Balzac, no llegaría nunca a terminarse al no poder disfrutar de dos años de vida sosegada y de todos los libros que precisaba, me resultaba muy dura, y me desesperaba también esta guerra, que todavía no ha llegado a su punto culminante. Me sentía demasiado fatigado para soportar todo eso. Estoy seguro de que tú llegarás a ver otros tiempos mejores, y me darás la razón: que comprenderás cómo yo, con mi hígado negro, no he querido esperar más.

Estas últimas líneas son para ti, en mis últimas horas. No puedes imaginar la plácida alegría que me ha invadido desde que he tomado tal decisión. Exprésales mi afecto a tus hijas, y no me compadezcas. Ten presentes al buen Joseph Roth y a Rieger, y no olvides lo mucho que yo siempre me alegré por ellos de que no tuvieran que sufrir las duras pruebas por las que nosotros hemos pasado. Ten coraje, ahora sabes que estoy tranquilo y feliz

Con mi amor y amistad, Stefan”

Después de la muerte del escritor, Gabriela Mistral comunicó a los amigos de Zweig, que cuando hablaba con el escritor, de la guerra, le caía al rostro una tristeza sin límites que lo envejecía de golpe. Su repugnancia de la violencia era no solo veraz; era absoluta. Y repetía: "No somos sino fantasmas o recuerdos".

Dos años después de su suicidio se publicó su texto: “Novela de ajedrez” donde narra la barbarie de la tortura, de la presión que ejerce, el total aislamiento, en el ser humano, tratando de vencer su espíritu, precipitándolo a la nada. Únicamente el ajedrez liberta la mente del protagonista, de la hondura que lo enloquece.

El relato es magistral, ausente del mismo; lo confuso, la ambigüedad, lo innecesariamente morboso. El relato se mantiene siempre, página tras página, en el mismo nivel de estremecimiento, arrastrando al lector hasta la última línea sin dejarle tiempo para tomar aliento. Como le gustaba escribir a Zweig.  



  He regresado a Viena, al Café donde compartieron Sweig y Hesse, y advertí a dos japoneses, sentados jugando al ajedrez, portando en el cuello, sus cámaras fotográficas, en el mismo sitio donde lo hicieron los escritores.

Pague la cuenta y salí a la esquina Strauchgasse- Herrngasse. Caminé por las calles de Viena. El Danubio ha perdido su azul por la contaminación. Nadie recuerda a Johann Strauss.

La ciudad, con su smog y su rápido tráfico, es una metrópoli, donde la sombra de Zweig, asediado por la gente en la calle, solicitando un autógrafo y la época romántica del ajedrez pertenecen al pasado. Son cenizas, su fragancia es la añoranza.

Recordé las palabras de Zweig: “Los libros solo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda la existencia: la fugacidad y el olvido".


viernes, 7 de octubre de 2022

Paúl Charles Morphy Un caballero de buena familia

 


Paul Charles Morphy

 

A tan corta edad Paul Charles Morphy es toda una celebridad, en París ha sido aclamado como si fuese el Campeón del Mundo. El águila de Louisana como ha sido nombrado Paul, es considerado el mejor ajedrecista de Estados Unidos.

En Europa ha competido, tanto en Inglaterra como en París y tras numerosas partidas con varios de los más famosos y excelentes ajedrecistas de este continente. Ha dejado claro que es invencible. Rindiendo a todos, incluso otorgando la ventaja de un peón o de un caballo, además de conceder la primera jugada.

Una multitud entusiasta ha cargado a Paul en hombros, después de que este, venciera a 8 maestros, jugando con los ojos vendados. Estos 8 maestros se reunieron con el propósito de enfrentar a Morphy en el Café de la Régence en París.

Tras vencer a siete de ellos, todos los presentes se arremolinaron para felicitar a quien consideran, el nuevo campeón. La gente ahí reunida entre vítores y exclamaciones de júbilo salió a la calle, donde ya los esperaba otra multitud y un griterío ensordecedor, a continuación todos se dirigieron hacia el Palacio Real. La guardia Real, alarmada por el tumulto, se presentó ante la gente, intentado saber la causa de tanto bullicio, finalmente la guardia se unió al festejo.

Morphy ha sido recibido por Napoleón III en Francia, por la reina Victoria en Inglaterra y por el nieto de François André Danican, alias Philidor (ajedrecista y músico, autor del libro “Analyse du Jeu des Échecs quien expresó: "Los peones son el alma del juego”)

Después de su gira por Europa, el regreso de Charles Morphy a los Estados Unidos, ha sido apoteótico. Los elogios se han multiplicado, Morphy ha recorrido las principales ciudades en su camino de regreso al hogar. Ha visitado la Universidad de la ciudad de Nueva York.

John Van Buren, hijo del Presidente Martin Van Buren concluyó una presentación diciendo, "Paul Morphy, es el nuevo campeón del mundo". En Boston, se le ofreció un banquete donde estuvieron presentes: Henry Wadsworth Longfellow, Louis Agassiz, el alcalde de Boston, el Presidente de Harvard, el Dr. Oliver Wendell Holmes además de otras personalidades. Se ha filtrado la noticia de que el Príncipe Golitsin lo ha invitado a San Petersburgo, Rusia, al club Palacio Imperial.

El new York Times ha dedicado cuatro de sus columnas en primera plana para informar sobre los logros en el ajedrez de Morphy. El New York Daily News utiliza cinco de sus seis columnas de la primera plana para informar sobre las hazañas de Morphy.

En un brindis por Morphy, Oliver Wendell Holmes dijo: "yo propongo este brindis a la salud de Paul Morphy, campeón del mundo. Sus batallas pacíficas han ayudado a lograr una nueva revolución; sus triunfos juveniles han añadido una nueva cláusula a la declaración de independencia de Estados Unidos." Un club de béisbol de Brooklyn ha bautizado con el nombre Morphy a su equipo y el New York Ledger ha contratado a Morphy para escribir sobre ajedrez. Se sabe que ha recibido un cuantioso adelanto monetario.

En un discurso en el banquete de Quincey se hizo un comentario, lleno de buen humor: "Morphy es más grande que César, porque él vino, y sin ser vencido”



Paul Charles Morphy jugando a la ciega en el café de La Regence (París) 


Charles Morphy ha declarado. “La reputación es mi único acicate, ganar para mi es una cuestión de honor” El Maestro alemán Anderssen opino sobre Paúl lo siguiente: “La impresión que produjo en mi la transmitiría mejor si digo que él trata el ajedrez con la seriedad y escrupulosidad de un artista. Para él la partida siempre es una tarea digna, un trabajo creativo, un acto, en el que él cumple su misión.

Morphy ha a consentido a que lo entreviste. Paúl es muy joven, su cara es casi la de un niño, su piel muy blanca, es pequeño de estatura, corto de cuello, un mozalbete que luce, un sombrero de paja de ala ancha, con un lazo negro al cuello. Es educado, caballeroso, reservado, de maneras dóciles y suaves. A Morphy le gusta la vida social y la fama. Asiste a cenas, a comidas y a la ópera frecuentemente.

Su tío Ernest que está presente en la entrevista cuenta, entre otras cosas, que Morphy de pequeño y después de su regreso de una ópera, podía silbar y tararear de principio a fin todo la obra, y refiere que su sobrino, cuando era un niño, de repente colocaba sobre el mantel a cuadros de la mesa, los servilleteros los tenedores y los saleros, a semejanza de piezas de ajedrez, para comprobar la solución de un problema que de pronto había surgido en su mente, realiza todas sus hazañas por instinto y sin esfuerzo visible. y agrega. Morphy se sabe de memoria todo el código civil del Estado de Louisana ¡Tiene una memoria prodigiosa! y cuenta que de pequeño Morphy le venció en un juego a ciegas. Sobre una mesa se encuentra un juego de Té y varias piezas de pan tostado con mantequilla, Paúl es muy aficionado al té.

Paul Morphy es hijo de un juez de la corte suprema de Louisiana, Alonzo Morphy, y de una reconocida cantante y pianista de origen francés, Louise Teresa Felicidad Thelcide Le Carpentier. Paúl tiene dos hermanas: Mahrina y Helena y un hermano, Edward.
Sus conocimientos de ajedrez los obtuvo en su niñez. Se dieron a partir de mirar la serie de partidas que su padre y su tío solían disputar en casa, mientras el pequeño Charles observa sentado y en silencio. Prestando atención el ir y venir de las piezas: del caballo, de la reina, de los alfiles y del ejército de peones.

Paúl asimilaba las reglas y daba rienda suelta a su imaginación. Su abuelo también participó en los conocimientos de Paúl sobre el ajedrez. Morphy jugaba con su abuelo, pero para ello, por su pequeña estatura, se colocaban un par de grandes libros sobre una silla. Así el niño podía estar al nivel de la mesa de juego. Al poco la familia no podía ganarle. Les costaba creer aquel niño de 9 años jugara mejor que ellos y que incluso a su abuelo le diera la torre de ventaja. Rara vez el viejo ganaba una partida a pesar de la prerrogativa. .

Morphy vivió en conflicto con su padre, quien era una persona acaudalada, conservadora e inflexible. Un sureño de cepa, a quien no le agradaba que Paúl perdiera el tiempo con el ajedrez. Deseaba que su hijo terminara la carrera de abogado. Pensar que su hijo se ganara la vida dando demostraciones de ajedrez o jugándolo, era el equivalente de que su vástago fuese un tahúr, jugando al póker por dinero. Tan impropio miraba que un hijo suyo se dedicase al ajedrez.

Por ello a los trece años Morphy medio abandonó el ajedrez. Sólo se le permitía jugarlo los domingos. No obstante a los 9 vence al General Winfield Scott, a los 12 a maestro húngaro, Johann Lowenthal, y a los 17 al Juez Meek, Presidente del Congreso Americano de Ajedrez.

Paul es un intelectual sobresaliente, que obtuvo el título de abogado a los veinte años. Habla cuatro idiomas inglés, francés, alemán y español. La edad legal mínima para ejercer la profesión en el estado de Louisiana es a los veintiún años. Fue entonces que Morphy considero dedicarse a jugar ajedrez ese año de descanso. Pero es una enciclopedia en aperturas.



Morphy no destacó en los deportes, pero en la esgrima sí sobresalió. En Spring Hill College recibió el grado de maestría y en sus estudios de abogacía era admirado por su gran capacidad intelectual.

Morphy ante todo es un romántico y un caballero y ha dado grandes ejemplos de su generosidad y de su desinterés. Cuando Paúl ganó el congreso de ajedrez de los Estados Unidos venciendo entre otros a Paulsen gano 300 dólares que rehusó cobrar, ya que no quería mezclar el dinero con ajedrez. En su lugar, aceptó un jarrón, cuatro copas y una bandeja de plata.

La Bandeja fue estampada con una imagen de Morphy en el acto de ganar el juego decisivo en contra de Paulsen y una descripción que lo declaraba vencedor del Torneo. Todas las piezas portaban un monograma con las letras " P.M."

Paúl derrotó a Charles Stanley quien por un tiempo fue editor de la revista de ajedrez estadounidense y el segundo jugador más fuerte de los Estados Unidos, dándole ventaja de un peón y el primer movimiento. Morphy donó los 100 dólares del primer lugar a la esposa de Stanley y a sus hijos que necesitaban del dinero. No se los entregó a Stanley, debido a su hábito de beber. Como gesto de gratitud, ella le puso Pauline a su hija, que nació meses después.

Cuando Morphy dio aquella histórica lección de ajedrez con los ojos vendados a los 8 maestros reunidos en el Café de la Régence en París. El propietario de la cafetería querían cobrar una tarifa de 5 francos a cada espectador de la exhibición, pero Morphy, dijo que no daría las simultaneas, al menos que el café estuviese abierto para todos, con el paso franco a cualquier persona y sin cobrar. Cuando estas condiciones fueron aceptadas, Paúl Morphy se sentó en la sala de billar del bar, de espaldas a la mesa de ajedrez en la otra habitación. Es de destacar, que los Rivales de Morphy tenían a su alrededor a 50 jugadores en la sala, para darles consejos.

Otra muestra de magnificencia la mostró en Europa. El premio de su encuentro con Lowenthal. Morphy lo utilizó para comprarle muebles a este, para su nuevo departamento. Y cuando venció a Harrwitz, campeón de La Régence, con estas ganancias, que fue obligado a cobrar, financió el viaje desde Alemania a Paris de Anderssen. Así fue con el Alemán llego a París para su encuentro con Morphy.
                                                      
La última carta que Paúl escribió a Staunton, decía: "Permítame repetir, lo que constantemente he declarado en todos los círculos de Ajedrez en que he tenido el honor de participar, que nunca he deseado hacer del talento que podría yo tener, una herramienta para hacer ganancias."
                                                                                                  
Stauton no se comportó como un caballero, ya que frecuentemente ataco a Paúl desde su columna semanal asegurando que a este solo lo movía el dinero. Que distinto a lo que otros diarios expresaban: “Morphy es un ciudadano de los Estados Unidos, que viene a reclamar un cetro en Europa”
 
Morphy ante los retrasos impuestos por Staunton decidió jugar en Inglaterra con todos quienes quisieron jugar con él. En sesiones muchas veces maratónicas. Después viajó a París donde derrotó a Löwenthal, Harrwitz y Anderssen en un lapso de seis meses.
                 
Sobre su manera de jugar se dice que es rápida, que tarda muy poco en decidir un movimiento. Que es incansable, que nunca parece nervioso, que su rostro se mantiene en calma. Que analiza las posiciones, que calcula todas las variantes y sus consecuencias, hasta sus últimos límites, sin el menor esfuerzo aparente. Que al frente del tablero; es taciturno, pocas veces habla, luce su distinción, su reserva, su sobriedad y la delicadeza de un cuerpo joven. Así como que sus                 hombros sostienen, una cabeza admirablemente formada y además que no bosteza como Anderssen.


Le sugiero a Paúl Charles Morphy que a veces le mencionaré una palabra, para que él me diga, lo está, le evoca y en otras oportunidades le haré preguntas. Estando de acuerdo Paul, inicio con la palabra.

Ajedrez.

-El ajedrez es primordialmente una recreación y merece la más alta recomendación.

Tío Ernest.

-El ajedrez lo aprendí de él y de mi padre. Mi tío fue uno de los mejores jugadores en sus tiempos. Conocido como el "Rey de Ajedrez de Nueva Orleáns, en mi tuvo un gran impacto. Cuando cumplí los 19 años, mi tío Ernest Morphy pagó un anuncio en el Periódico ilustrado de Leslie. Fue un reto a los ajedrecistas de los Estados Unidos para acudir a Nueva Orleáns y jugar en contra mía. Pero jamás hubo respuesta a dicho desafió.

¿Cómo se siente después de su regreso de Europa?

-De mi gira por Europa, me limitaré a decir que ha sido agradable en casi todos los aspectos. De todos los adversarios, conservo un recuerdo vivo y agradable. Los encontré galantes, caballerosos y corteses. Todos devotos del rey de los pasatiempos.

Se sabe que usted tarda poco en pensar sus jugadas.

-Algunos de mis mejores movimientos los dicta la intuición.

Qué autores de libros sobre ajedrez ha consultado.

-He leído a Horwitz y Kling, a Kieseritzky a Stauntony a William Lewis.

Ajedrez mensual.

-En Nueva York, me ofrecieron coeditar "Ajedrez mensual", editado por Daniel Fiske. Contribuí con notas, para algunos de sus  ejemplares.

Nueva York, la primera versión del campeonato de los Estados Unidos.

-Recién había cumplido los 20 años. Yo no quería participar, un poco antes había ocurrido la muerte de mi padre. Gracias a la insistencia de mi tío y del Juez Meek me inscribe y gané la justa. Yo salí de Nueva Orleans a bordo del vapor Benjamín Franklin y llegué a Cincinnati a los pocos días. Luego abordé un tren desde Cincinnati a Nueva York. Mi primer encuentro fue en contra de Federico Perrin.



¿Quiénes participaron en aquel evento?

Recuerdo la presencia de el Sr. Dennis Julien, compositor de problemas de ajedrez el Sr. James Thompson, de Nueva York, un caballero que jugo a ajedrez en el Café de la Régence y en Londres, destacaba por la brillantez y lo atrevido de sus ataques y su insistencia por jugar el Gambito Evans, el Juez Alexander Meek, el Sr. Theodore Lichtenhein, un caballero que anteriormente había sido Presidente del círculo des Echecs Königsburg en Prusia.

A Hardman P. Montgomery, representante de la escuela de Berlín, el Dr. Benjamín Rafael, de Kentucky, el Sr. Louis Paulsen. William S. Allison, Samuel R. Calthrop, Daniel Willard Fiske; William Fuller nacido en Inglaterra y un cazador de ballenas, Kennicott Hiram, Knott Huburt, Napoleón Marache de Francia, Federico Perrin nacido en Inglaterra y Charles Henry Stanley, también inglés.

Charles Henry Stanley.

-Cuando yo tenía nueve años conocí a Henry. Fue cerca de la Navidad. En un encuentro entre Charles Stanley y Eugene Rousseau. Stanley ganó el encuentro con 15 victorias, 8 empates y 8 pérdidas. Esto dentro del primer campeonato de los Estados unidos.

¿Recuerda su primera partida en este torneo que ganó con negras?

-Si jugué contra James Thompson una Piano Giuoco en 21 movimientos.

¿Contra quién más jugó usted?

-Contra James Thompson, Meek, Lichtenhein y Paulsen Morphy gane 14 juegos, perdí uno y empate tres juegos.

Louis Paulsen.

-Paulsen era el mejor jugador hasta el momento, junto con Charles Stanley

¿Cuántas partidas jugó en su estadía en Nueva York?

-Jugué 94 partidas, ganando 85, perdiendo 4, empatando 8

¿Fue cuando surgió la idea de que un Maestro Europeo, jugase en contra de usted en Nueva Orleáns?

Sí, mucha gente del Club Orleáns lo consideró así. Incluso envió una invitación a Stauton para un encuentro conmigo.

Winfield Scott.

-Uno de los militares más célebres de su tiempo. Incluso comando el ejército en la guerra contra México y fue candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Yo jugué con él a la edad de nueve años en Orleáns y le vencí en dos partidas. De muy mal humor y con el orgullo herido, el general se negó a jugar otra partida conmigo. Se levantó de su silla y se marchó como un relámpago. Para Winfield Scott, el ser derrotado por un mocoso constituyó una verdadera afrenta para su orgullo. Aún sonrió al recordar su levantamiento de cejas, en cada uno de mis movimientos, fue muy cómico.




Johann Lowenthal.

- Uno de los ajedrecistas más importantes de su tiempo, que estuvo también de visita en Nueva Orleáns procedente de Europa, yo tenía doce años, Lowenthal era de carácter más afable, que el gruñón general Scott. Al igual que Winfield Scott, también pensó que le estaban gastando una broma cuando me presentaron ante él. Aunque no se sintió ofendido por ello, limitándose a sonreír y a acariciar mi cabeza con un gesto de simpatía. Estando yo en Europa me retó y lo vencí. Me parece que aquella vieja derrota lo impulso a desafiarme.

Después de las partidas que usted jugó en Europa contra Lowental, este comentó: “Yo me sentí mal por el resultado en los juegos uno y dos, porque pensé que debería haber ganado; "pero ahora que ya no siento insatisfecho, estoy convencido de que estoy vencido por una fuerza superior". "Después del primer juego fui a casa diciendo a mí mismo: " ¡bueno, Morphy no es tan terrible después de todo!", pero después todas mis combinaciones, todos mis planes se volvieron contra mí y pensé que era ya inútil luchar”

Paul solo sonríe.






¿Su familia se opuso a su partida a Europa?

-Si, claro. El viaje se dio gracias a la intervención de mi tío y de un comité del Club de ajedrez de Orleáns que persuadió a mi familia. Llegue a Liverpool el 20 de junio y de inmediato tome el tren de Birmingham. Sin embargo al llegar me encontré que el torneo se había aplazado por dos meses,

Ya en Inglaterra Stauton me invitó a su casa es Streatham, recuerdo aquella estación de trenes, que según me contó Stauton se había abierto apenas dos años antes. En su hogar jugué un par de juegos de consulta. Stauton jugó asesorado por el reverendo Owen y yo por Thomas Wilson Barnes. Ganamos las partidas. Después Stauton, pospuso nuestro encuentro, para después del torneo de Birmingham, es decir hasta agosto. Yo lo tomé a mal, no me gusto el asunto, pero acepte. Fueron desesperantes las demoras y las excusas de Stauton.





Su familia le informó a usted, por medio de su amigo Charles Maurian, que no se le debía a usted permitir jugar contra Stauton, por dinero, y sí que era necesario, se le llevara a usted de regreso a la fuerza y así evitar una partida por dinero.

Sí, fue natural la inquietud de mi familia.

Rev. John Owen.

-Le di la ventaja de la salida y además un peón. Lo derroté con el marcador de 5-0 y dos empates.

Thomas Wilson Barnes.

-Jugué contra Barnes una serie de 27 partidas de las cuales gane 19 y Barnes ganó ocho juegos

Yo viajé a Birmingham, a finales de agosto, a tiempo para unas simultáneas con los ojos vendados en el Colegio de la Reina a finales de agosto. Al otro día Stauton me solicitó postergar nuestro encuentro, diciendo, que sus compromisos con sus editores consumían una gran cantidad de su tiempo. Molesto le pregunté: “¿Mr. Staunton, va a jugar en octubre, en noviembre o diciembre? Stauton se decidió por noviembre, asegurando que él me comunicaría la fecha exacta. Lo cual nunca sucedió. Aproveche esta circunstancia y viaje a París ahí derrote a Daniel Harrwitz. En fin Staunton le dio largas al asunto.

¿Usted no participo en el torneo, en este juego, a ciegas, a quien enfrentó?

-Jugué contra cinco Maestros, ente ellos: Jules Arnous de Riviere, Samuel Boden, Thomas Barnes, Lowenthal, y Henry Bird. Gane dos partidas, empate otras dos y perdí una.

Usted se presentó en Birmingham, Inglaterra, para competir dentro de la justa programada, pero nunca participó.

-Sí, así fue, al llegar yo al encuentro, este se había suspendido como le conté y después no intervine en ella, porque si lo hubiera hecho Statuton no se hubiese inscrito. Cuando yo no lo hice, él participó a pesar de asegurar que sus compromisos literarios le abrumaban y absorbían todo su tiempo, Además yo deseaba un encuentro directo con él. Y la suerte de definir quién era el mejor, en una sola partida no me agradaba. No me hubiese gustado que dependiera de una partida, mi triunfo o el suyo. Yo deseaba un encuentro, de al menos 15 ó 20 partidas. De esta manera, las dudas de quien era el mejor, se hubiesen disipado.

Samuel Standidge Boden

-Un pintor de paisajes y crítico de arte, y uno de los mejores ajedrecistas de Inglaterra. Jugué con él en Inglaterra; le di la salida y un peón de ventaja. Le gané 5 a 0 entre nubes de humo. Lo miré fumar desde pequeños, hasta los más grandes puros.

- Hay quien dice que este resultado desanimo por completo a Stauton para jugar un encuentro con usted.

-Sí, así lo pienso.

Muy pocas partidas suyas se conocían en Europa.

-Así fue, debido a mí poca edad, los ingleses meditaban que me faltaban años para tener los suficientes conocimientos para derrotarlos. Llamaban a mi juego, interesante, bello, pero nada más allá de eso. Decían que yo no tenía la fuerza que mis compatriotas presumían.

Charles Stauton insinuaba que en Europa no existían los jugadores profesionales del ajedrez y que muchos de quienes lo practicaban, tenían que atender primero a sus carreras y profesiones.

-Yo diría que tampoco en América existe un ser que únicamente se dedique al ajedrez, que se le pueda llamar un jugador profesional. Paulsen es un corredor de tabaco, Lichtenhein vende productos secos y vinos, además su pasión es la ópera italiana, Thompson es el propietario de un magnífico restaurante, el Coronel Mead, Fiske, Perrin se dedican a otros menesteres. Howard usaba su columna semanal para la descalificación.

Son conocidos los viajes de los antiguos ajedrecistas que recorrían distancias para jugar al ajedrez. Las travesías de Il Puttino de Italia a España para jugar contra Ruy López. Sus travesías por diferentes países de Europa. Los recorridos de Gioacchino Greco, el “Calabres” es una historia de visitas a palacios y castillos para jugar al ajedrez. Incluso cuando se dirigía a Inglaterra a jugar ajedrez fue asaltado, despojándolo de todo su dinero.

-La similitud tiene algo de cierta, el ajedrez me ha convertido en un viajero de Inglaterra a París. Solo que yo no me considero un ajedrecista profesional, además mi interés no es el dinero, tengo los medios suficientes, soy un amateur. Únicamente juego por el honor y pronto ejerceré la abogacía.

Anderssen.

-A sus cuarenta años, era unánimemente reconocido como el mejor jugador del mundo y todos sus rivales le consideraban un genio. Su forma de darse a conocer en el mundo del ajedrez fue muy peculiar: siendo todavía un anónimo profesor de instituto, enviaba problemas de ajedrez compuestos por él a las secciones de pasatiempos de revistas y periódicos. La composición de problemas era la ocupación favorita de Anderssen cuando no estaba trabajando. Anderssen ya había vencido a Stauton cuando yo lo conocí.




Cuente sobre su encuentro contra Anderssen.

-Después de ir a Inglaterra y constar el miedo de Stauton para disputar conmigo un encuentro. Decidí entonces partir a Francia, al Café de La Régence, por una suerte de coincidencias y con el apoyo de mi secretario Edge, se dio el encuentro con Anderssen. Los dos no estuvimos en las mejores condiciones físicas, el alemán jugo cansado después de un fatigoso viaje y yo me enfermé de una fuerte gripe, después de algunas sangrías que me practicaron, me sentí débil. Así y todo le vencí ganando siete partidas y empatando dos.

¿Anderssen cuantas partidas ganó?

Dos partidas.

Ajedrez Stauton.

- Stauton era un hombre célebre en ese entonces. Me parece que él se prestó a ser utilizado para promover un producto comercial. Staunton al apoyar este juego de piezas de ajedrez, ideado por Jon Jaques se convirtió en marketing, incluso a los juegos contenían su firma. Pero no solo le hizo propaganda, sino que además arremetió contra cualquier otro diseño de ajedrez. ¡No me imagino al Maestro Anderssen haciendo propaganda de las salchichas blancas, de Alemania!

Por otro lado, las piezas son refinadas, elegantes, con unas proporciones bastante bellas. El rey se simbolizó mediante una corona rematada por una cruz; la dama mediante una corona ducal; la torre es un parapeto almenado; el alfil se representa por una mitra de obispo, el caballo mediante la cabeza de un equino. En fin, todas las piezas son refinadas, y elegantes. Descansan sobre un zócalo circular, compacto y ligeramente abultado.

Amigo

Sin duda Charles Maurian. Fuimos compañeros de juegos desde la infancia. Estudiamos en la misma escuela. Mi padre fue juez, el suyo es juez. En nuestra infancia él enfermó y le enseñé a Charles a jugar al ajedrez. Si lo pienso es el único alumno que he tenido. Desde entonces hemos jugado muchas partidas de ajedrez. Maurian tiene una opinión excelente del libro de Howrad Stauton “El jugador de ajedrez". Considera que es una de las mejores colecciones que existen del juego y que las instrucciones contenidas en ella, no las supera ninguna clase de publicación similar.

Maurian es un jugador de ajedrez; de lo más fino, de los mejor del Sur. Es un caballero lleno de cortesía, de modos refinados. Hay muy pocos como él.

Me desviaré un poco y le contaré la historia de la madre de mi amigo. Los padres de ella se fueron a vivir a Santo Domingo cuando ella era una niña. Poco después de llegar a esa isla, estalló una sangrienta revolución. Todos los blancos fueron asesinados o expulsados de la isla. Sus padres y ella pudieron escapar. En la confusión y la apresurada partida para salvar sus vidas, Amedée su hermano, un niño muy pequeño, se separó del resto de la familia y se quedó atrás. Fue rescatado por un esclavo y después traído a Nueva Orleáns, donde se crio hasta la edad adulta.

Por años la familia se preguntó qué habría pasado con el pequeño. El capitán de un buque francés que navegaba entre Nueva Orleans y los puertos franceses era amigo de Amedée Peychaud. En uno de sus viajes conoció a la Srta. Lasthenie Peychaud en Francia. La similitud de nombres le intrigó e hizo averiguaciones. Así fue que los hermanos por fin se reunieron cuando la señorita Peychaud viajo a Nueva Orleáns para visitar a su hermano.

Entre el grupo de amigos de Amedée Peychaud que fueron al puerto para recibir a la joven a su llegada a Nueva Orleáns estaba presente el Juez Charles quien se enamoró perdidamente de Lasthenie. Después de casarse, tuvieron un hijo, a Maurian. Esta bella mujer murió al poco de nacer mi amigo Charles.



CHARLES AMEDÉE de MAURIAN


El abuelo de usted también debió huir de Santo domingo.

¡Ah lo sabe! Mi abuelo Diego vivía en Santo Domingo y como le conté en aquella revuelta de esclavos negros donde fueron asesinados 100.000 negros y 24.000 blancos. Diego escondió a su hijo en una cesta cubierta con hojas de repollo. Su esposa usó un vestido, como los que usaban las vendedoras en el mercado. Así fue como ella embarcó con el pretexto de querer vender verduras al capitán del buque. Escaparon en este barco inglés rumbo a Philadelphia. Diego los alcanzó más tarde.

El peón.

-El peón es el más importante instrumento de la victoria.

Rey.

-El Rey es la pieza más débil.

¿Cuál es el secreto del ajedrez?

-Ayudar a nuestras piezas, muy pronto estas nos apoyarán.

Eugene Rousseau.

- Maestro francés de ajedrez, revivió el club de ajedrez de Nueva Orleáns

Algún parentesco con Jean Jacques Rousseau.

-Sí, pero lejano.

Shakespeare.

-En él se escudó Staunton para no jugar conmigo. Paul sonríe.



Recién llegó usted de Europa ha sido proclamado Campeón Mundial, ¿qué piensa ahora del ajedrez?

-No es solo el más encantador y científico, sino también el más moral de los entretenimientos. A diferencia de otros juegos, en los que el lucro constituye propósito y finalidad de los participantes, el ajedrez se recomienda por sí mismo a los sensatos, merced al hecho de que sus simuladas batallas se llevan a cabo sin buscar premio ni honor alguno. Indudablemente, es el juego de los filósofos. Dejad que el tablero de ajedrez sustituya al tapete verde de los naipes y en seguida se apreciará una enorme mejora en la moral de la comunidad.

-El Ajedrez nunca ha sido, ni jamás podrá ser otra cosa que un recreo. No debiera consentirse en detrimento de otras ocupaciones más serias. No debiera absorber los pensamientos de quienes le rinden culto en su santuario, sino que habría que mantenerlo en segundo término y recluido en la esfera que le corresponde. Como simple juego, como esparcimiento tras las duras pruebas a que nos somete la vida. El ajedrez merece las mayores alabanzas.

Café de la Régence.

- Situado en la calle de la Vieja Comedia de París, se convirtió en la Capital Europea del Ajedrez. El Café de la Régence es una babel donde se hablan todos los idiomas. A ahí se reunía gente de todo el mundo, algunos leyendo, otros enfrascados en el ajedrez. Rusos jugando billar. Este lugar se encontraban: revistas y periódicos de todo el orbe. Así los parroquianos tenían noticias de su lugar de origen. La gente, dentro de ese lugar lleno de humo, se dividía en dos bandos; entre quienes servían el café y entre los que lo paladeaban. Por este café han pasado personalidades del Ajedrez como: De Legall, Philidor, Anderssen, Tuve la fortuna de jugar ahí.

Los aficionados acudían en masa para ver las partidas. Durante la Revolución Francesa estas reuniones tuvieron que trasladarse al café Militar, en la calle Saint Honoré volviendo a La Régence una vez finalizada. Aquí además jugaron al Ajedrez otras personalidades como el Duque de Richelieu, el mariscal Saxe, Grimm, Jean-Jacques Rousseau, precursor intelectual de la Revolución Francesa, Robespierre, Napoleón Bonaparte, Voltaire y Benjamin Franklin, entre otros.

Sé que el recinto contiene cuatro escudos en las cornisas, llevan los nombres de Philidor, Deschappelles y Labourdonnais. La cuarta lleva la fecha de Fundación del café, y el titular ha declarado su intención de colocar en ella su nombre.

Paúl ríe y me dice, no sería justo, yo no soy un jugador profesional.

Harrwitz.

-Lo conocí el Café de la Régence: Bajo, de Estatura y de grandes ojos negros. Poseía una conversación sumamente ingeniosa. Este jugador prusiano vivía para el ajedrez. Las dos primeras partidas las ganó él. Recuerdo que en la primera partida me gasto una broma, después de terminar el juego se levantó, se acercó y tomándome el pulso, dijo algo así como: “Bueno, es asombroso su pulso no late más rápido que si hubiera ganado el encuentro”. En la segunda ronda el dijo después de vencerme "¡Oh, no existen problemas para vencer a este hombre." Después de esto le gané una a una todas las partidas restantes, que por cierto posponía por días. Finalmente abandono el encuentro.

En este intervalo de sus partidas con Harrwitz, jugó usted a ciegas en el café de la Régence en contra de 8 ajedrecistas: Baucher, Bierwirth, Bierwirth, Guibert, Lequesne, Potier, Préti y Seguin.

-Si fueron diez horas duras sin probar agua, ni bocado. Recuerdo que dormí de un tirón esa noche.


Después de este triunfo, fue usted acompañado por la multitud y ensalzado como un héroe

A Morphy le brillan los ojos, detrás de la humedad que inicia en sus ojos y responde: ¿Tiene usted alguna otra pregunta?

A su regreso a Inglaterra se enfrentó usted a cinco ajedrecistas connotados, pero esta vez no fue a la ciega ¿Cuáles fueron los resultados?

-Jugué en contra de: Jules Arnous de Rivière, Samuel Boden, Thomas Barnes, Henry Bird y Johann Löwenthal. Le gané dos juegos a Bird y a Rivière, empate dos con Boden y Löwenthal y perdí uno con Barnes.

Después vino la invitación de la Reina Victoria.

-Fui invitado a una audiencia privada con la Reina Victoria y tuvo el gesto de regalarme un gabinete de ajedrez que contiene un ajedrez de marfil y un tablero de piel de oveja con la firma de la soberana.

Usted ha declarado que nunca ha olvidado las partidas que ha jugado.

-Poseo una buena memoria.

La opera.

-Me agrada la música. Con ella he pasado momentos memorables. En París le gané al duque de Brunswick jugando junto con el conde Vauvenargues en su palco, en el intermedio de la puesta en escena de El barbero de Sevilla.

Si me permite voy a leerle el siguiente texto:

“En respuesta a su propuesta muy cortés para que yo visite Nueva Orleans con el propósito de encontrarme con el Sr. Paul Morphy y jugar una match, me permito mencionar que durante muchos años los deberes profesionales me han obligado a abandonar la práctica del juego casi en su totalidad. En la actualidad estas funciones son tan exigentes que con dificultad me permitió tener un día de descanso a la semana para hacer ejercicio y relajarme.

Bajo estas circunstancias, un concurso de ajedrez largo y arduo, incluso aquí en Inglaterra, sería una empresa demasiado formidable para mí. Tendría que recuperar mi antigua fortaleza. Debo de tomar en cuenta también mis compromisos profesionales La idea de llevar a cabo un encuentro en un país extranjero, a muchos miles de kilómetros de aquí, solo es admisible en un sueño.

-Es la carta que Stauton envió como repuesta al club de Orleáns, ante la invitación del club a un encuentro conmigo en América.

El Newton del ajedrez.

-Es un título que me ha puesto mi asistente Frederick Edge,

Frederick Edge.

-Un joven Inglés. Un buen asistente y secretario que me apoyo en Europa. El realizó una serie de apuntes de mi gira por Inglaterra y Francia una especie de anecdotario y pretende con ellos articular un libro. Hemos tenido diferencias, por no estar yo de acuerdo en la publicación de un libro cuyo título pretende sea: “ Los viajes y los triunfos de Paul Morphy”
Ha sido un excelente amigo y secretario. Sin él, quizá no hubiese jugado contra Andersen. Pero hoy no sé nada de él. Estamos distanciados. Morphy se ruboriza.

Staunton se ofreció a jugar con usted por cablegrama
.
-Así ocurrió sólo que lo supe mucho tiempo después. Cuando esta oferta llego a Nueva Orleáns yo ya había partido en el barco “África” a Europa. Pero igual no se hubiera dado este encuentro, ya que el cable marino se rompió después de un mes de recibir la invitación.

A propósito de esta proeza de Cyrus W. Field, de tender un cable a través del océano, sin duda una maravilla transoceánica, un diario Ingles el Times, publicó: "Desde el descubrimiento de Colón no ha sucedido nada que en forma alguna sea comparable a esta enorme ampliación de la esfera de la actividad humana". Otro diario comentaba: "Pero esta alegría orgullosa de Inglaterra parece sombría y tímida en comparación con el gran entusiasmo que se ha manifestado en Norteamérica al recibirse la noticia. Los negocios quedan interrumpidos, las calles invadidas de gente que pregunta, grita y discute, de la noche a la mañana".

Cyrus W. Field, un hombre desconocido, se convirtió en un héroe nacional., hasta romperse el cable, entonces el aprecio de la gente cambio y de ser un héroe, Cyrus se convirtió en un villano. La gente lo rechazó, los diarios escribieron en contra de él. Toda una ciudad, un país entero, se avergonzó de su inicial entusiasmo e iracundo hizo victima a Cyrus W. Field de su ira.

El hombre que poco antes fue considerado un héroe nacional, nombrado hermano de Franklin y sucesor de Colón. Sufrió el rechazo de quienes fueron sus amigos y admiradores.
¡Qué traicionera es la fama! Fue sorprendente esa comunicación casi instantánea. El sueño se esfumo América y Europa, volvieron a estar mudas por una lejanía y un océano insalvable.

Pierre Charles Fournier de Saint Amant.

-Fue un jugador francés de ajedrez a quien conocí el Café de la Regence en Paris. Jugué algunas partidas amistosas con él. Amant aprendió el ajedrez de Wilhelm Schlumbergera a quien, más de uno lo acusó de estar detrás la maquina, conocida como el turco.

A la muerte de Louis de La Bourdonnais, fue considerado el mejor jugador francés. Howard Staunton jugó contra Pierre y lo venció. Sólo que Amant no lo reconoció como campeón. Amant recordó al público, los seis juegos informales en había jugado en contra de Statuon en Londres, de los cuales había ganado la mayoría. Lo cual lo colocaba en igualdad, con el concurso oficial en París, donde había vencido Howard. Pero Staunton aseguró que su derrota en París había sido un mero accidente: " je ne reconnais votre supériorité comme fait accidental." Pero poco caso hizo Saint Amant a las explicaciones.

Howard Stauton escribió entonces a Pierre una carta, con el fin de pactar un nuevo encuentro entre los dos, además de solicitarle que estas negociaciones fuesen discretas. Pero Amant quien escribía en “Le Palamede”, una columna de ajedrez, de Paris, dio a conocer todos los pormenores de este trato, al que llamo histórico.

Lo cual molestó a Stauton. St Amant al publicarlo intentaba forzar a Staunton a romper las negociaciones. Pero este decididamente se negó, a pesar del tono insolente, de los textos de Amant. Finalmente se decidió ir a Paris, al final de octubre. Estando ahí, enfermó por el frió, contrajo una neumonía, después un recaída. Por algunos días su vida estuvo en peligro.

Esta enfermedad le dejo a Howard, una debilidad permanente del corazón. Después de tres meses en París, se vio obligado a regresar a Londres, sin haber logrado, el tan ansiado acuerdo de un encuentro con Pierre. El encono y la correspondencia, entre ellos, continuó durante seis meses más. Poco a poco se fue perdiendo la posibilidad de un encuentro entre ellos.

Estos incidentes que vivió Howard: las cartas, el tono insolente de Amant para con él, su permanencia en Paris, buscando un encuentro imposible, por la razón de que Pierre lo evadía; se asemejan, a las asperezas, por lo que usted paso, por culpa de Stauton; en pos de su anhelada competencia en contra del britanico.

Morphy se queda pensativo, sus ojos tienen un brillo, que sólo otorga la inteligencia. Su mutismo, me obliga a hacer la siguiente pregunta.


¿Fue un error de parte suya el persistir en un encuentro contra Stauton?

Morphy lo piensa y comenta Staunton publicó el acuerdo entre él y yo en el” Illustrated London News”. El partido iba a ser de 21 juegos. Esta serie de partidas iban a tener lugar después del torneo de Birmingham. Yo confiaba en su palabra. ¡Yo permanecí tres meses en Inglaterra tratando de organizar un encuentro con Staunton! Me parece que tiene usted razón; los mismos tres meses, que Howard paso en Paris tras la quimera, de un encuentro con Pierre.

¡Pero es cosa olvidada! ¡Me han recibido muy bien en mi patria, ahora solo quiero jugar ajedrez! ¡Le daré la salida y un peón a quien quiera jugar conmigo! ¡Puede usted publicarlo!

A su regreso de sus triunfos por Europa Morphy llegó a un compromiso con su madre de que no volvería a jugar ajedrez competitivo, ni participar en torneos. Ni jugar al ajedrez en lugares públicos. La madre no quería que ni el nombre de Paúl, ni los apellidos de la familia se vieran expuestos o sus aventuras ajedrecísticas alentaran publicaciones sensacionalistas.
Morphy siguió jugando con su amigo Maurian y cuando dejo los Estados Unidos debido a la guerra civil, jugó en Francia y después en Cuba, paridas privadas. Estando en Francia rechazo un encuentro con un afamado y fuerte ajedrecista Urusoff Petroff amigo del príncipe Sergei Urusoff, el mismo que había invitado a Morphy a visitar Rusia.

En su estadía en Cuba, en casa del rico banquero, el Sr. Francisco Fesser jugó partidas de ajedrez otorgando la ventaja de caballo y salida a los jugadores: Domínguez, Golmayo, y Sucre. El español Celso Golmayo fue el mayor promotor del ajedrez en Cuba.

Esas noticias como es de suponer no aparecían en los diarios; tuve noticias de ello, por las confidencias de un amigo. Se oyó decir a este Fiscal Golmayo: “En mi muchos juegos con Morphy aún con la ventaja que me otorga, me quedó irremediablemente desconcertados por la brillantez y la complejidad de sus combinaciones, pero cuando me siento con Steinitz en igualdad de condiciones, sé que tengo una oportunidad respetable para ganar”

Morphy no tuvo suerte tras su retirada. Cuando intento dedicarse a la abogacía estalló la Guerra Civil norteamericana, lo cual cancelo su posible ejercicio profesional. Su familia se exilió y él hizo algunos viajes hasta que terminó el conflicto. Pero después de la guerra tampoco consiguió el éxito en la jurisprudencia. La gente seguía considerándole sólo un ajedrecista, su fama le precedía, hubo clientes que le contrataban; sólo para que Paul les contara sobre sus proezas dentro del ajedrez.

En julio de 1867, Morphy, su madre y su hermana, Helena, se encontraba en Paris, donde pasó los siguientes 15 meses. Ese mismo mes, en el Cercle Gran, 10 boulevard Montmartre los mejores ajedrecistas del orbe participaban en el Gran Torneo de ajedrez de París, como parte de las actividades de la Exposición Universal de París. En dicho certamen estuvo presente William Steinitz. Por supuesto Paul no acudió a este certamen. Después no supe más de su vida.

Pasaron más de veinte años desde mi charla con Paul Morphy. Un buen día caminando por nueva Orleáns, por la zona donde se venden las flores, los pasteles de arroz y se encuentra la tienda de embutidos de Himbertré, justo en la acera de enfrente, miré a un hombre extravagante en su comportamiento, un sujeto de mediana estatura, delgado de cuerpo, de piel amarillenta, que frisaba los 40 años, de barba escasa y con bigote, de ojos color gris oscuro, de mirada viva; que con distinción portaba un bello bastón.

Su vestimenta era escrupulosamente limpia, lo que contrastaba con su rostro abrumado, como el de un indigente, atormentado por las preocupaciones. Mientras este personaje caminaba, mantenía un acalorado monologo, de pronto él sonreía saludando a las personas, que solamente él veía. Después se quitaba y se ponía su monóculo y volvía a mover los labios, sonriente, hablando consigo mismo.

Sentí un estremecimiento al reconocerlo, y quede conmocionado, me parecía imposible, que aquel hombre fuese el mismo Paul Charles Morphy que yo había conocido. Me acerqué a él, con la mayor de las alegrías y le comenté que yo le había entrevistado años atrás. Al oír sobre el ajedrez me dijo: “El tiempo dedicado al ajedrez es un desperdicio. Es un deporte emocionante, pero es sólo un deporte" y no quiso oír una palabra más, alejándose apresuradamente de mí.

Tiempo después me enteré de la vista que le hiciera Steinitz a Morphy en su casa de Orleáns. Aunque Paúl puso como condición para recibirlo, el no charlar sobre ajedrez. En algún momento de la plática Steinitz le aseguro que su presencia en su casa, se debía a que desde hacía mucho tiempo deseaba conocerlo, por ser él una leyenda viva y que había estudiado sus partidas y le hablo de la admiración que sentía por Paúl.

Steintiz le pronosticó a Morphy que pronto se repondría, que ya él había pasado por algo semejante, por culpa de una insolación. Durante semanas no me podía concentrar, no tenia energías y menos mentalidad para jugar al ajedrez. Le confesó a Paúl.

¡Intente concentrase! le aconsejo a Morphy. Pronto notara que este esfuerzo, alejara todos los problemas de su mente, yo casi salgo ya, de mi enfermedad y agrego haciendo un guiño a Pául: Es imposible conservar la propia excelencia en un estuche de cristal como si fuera una joya, para sacarla sólo cuando se necesita; por el contrario, sólo puede mantenerse mediante una práctica buena y continua.

Usted me indujo a entrar en la vida del ajedrez le confesó. Steinitz a Paul. Le contó que en sus principios le decían, el Morphy austriaco, además le comunicó: Usted es el más profundo conocedor de las reglas posicionales del ajedrez, yo añadí mis propias reflexiones, acerca de la dinámica de las piezas y los peones, al contrario de usted, deje atrás la brillantez en las combinaciones. Me dedique a conservar una serie de ventajas.

Wilhelm en voz baja le dijo, a Morphy, que el rey ahora era una pieza fuerte, que se usa en todo el tablero, dispuesta al ataque. Por su parte Paúl le sugirió que la táctica de Steinitz en el gambito del rey era falsa. En la charla surgió Andessen a quien los dos habían vencido. Recordaron que al maestro alemán, le disgustaba el jugar a ciegas.

Steinitz le dijo en secreto a Paúl aquello de darle a Dios un peón de ventaja. Saliendo de su apatía, con buen humor Morphy le dijo a Steinitz, que algo parecido se le había ocurrido a él. ¡Darle una torre y la salida a Stauton, quien se creía un Dios!

 The New Orleans Chess Club 1883 Steinitz sentado a la derecha.

También supe que a la muerte de Paúl Charles Morphy, se subastaron a aquellos premios que recibió cuando ganó el primer congreso de ajedrez: el jarrón de Plata, las cuatro Copas y la bandeja de plata, con una imagen de Morphy en el acto de ganar el juego decisivo en contra de Paulsen y la leyenda "Este servicio de Plata representa a Paúl Morphy el vencedor en el Gran Torneo en el Primer Congreso de la Asociación Nacional Estadounidense de Ajedrez de Nueva York,"

Dos años después de la muerte de Paul, murió Frederick Edge. Inmediatamente, al terminar su relación con Morphy, Frederick dejo de ejercer el periodismo. Siempre considerado con Morphy, le atendía en la salud y la enfermedad, ayudándolo con su correspondencia, e incluso realizó labores como su ayudante de cámara.



Frederick Edge.


Supe de la carta que escribió Edge, donde menciona que si no hubiese sido por él, no se hubieran rescatado las partidas de Morphy o su correspondencia con Staunton. Cuenta: me he encontrado siempre entre él y sus enemigos, apartándolo de las conspiraciones que han sido muchas y peligrosas en los salones de Paris. Agrega que nunca ha habido un hombre que haya servido a otro tan devotamente como él. Por Paul me olvidé de mi esposa. Lo acompañe a París. Entre yo y mi familia se alzo una barrera de frialdad. Yo no soy un jugador de ajedrez, no tengo nada que esperar de Morphy. Voy a estar con Morphy hasta que abandone Europa.

“La pereza de Morphy es tremenda, si fuera por mi se habrían perdido en el olvido todos sus actos. He tomado centenares de cartas de sus bolsillos y respondido a todas. Lo he atendido cuando ha caído enfermo, llevándolo en mis brazos como a un niño.

Yo he sido un amante, un hermano, una madre para él, lo he hecho un ídolo, un dios. Morphy es todo, es Alfa y Omega, el principio y el fin; todo lo que es grande, magnánimo, verdadero, noble y sublime.

Morphy y no abrirá estas páginas sin sonrojarse… ni las dejaría de leer sin suspirar.


Interdatos sí a usted le interesa saber más del tema:


Morphy


El General Scott





Adolfo Aderssen le arrebata el titulo a Stauton


A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los campeones no se enfrentan tan solo en duelos, sino que ya se organizan torneos. Al principio estos funcionan por eliminación directa, luego pasan a ser competiciones donde cada jugador se enfrenta a los demás participantes al menos una vez. De Alemania llegan rumores sobre nuevos talentos emergentes. Staunton vence a Daniel Harrwitz Y Bernhard Horwitz.

Pero aparece otro nombre: Adolf Anderssen, un profesor de Breslau (hoy Wroclaw, Polonia) que bate a todos sus contrincantes con facilidad. En vez de retarlo en duelo, Staunton decide organizar un torneo de eliminación directa en Londres.



Ente los 16 jugadores invitados, además de Anderssen y el mismo, figuran el húngaro Szen, El alemán Horwitz y los ingleses Williams, Wyvill, Mucklow y Kennedy.
Por primera vez el problema del tiempo de reflexión con que puede contar un jugador condiciona seriamente una competencia. Durante este torneo, hubo quien se concedió más de una hora para un solo movimiento, y algunas partidas duraron hasta 12 horas. Para los jugadores impacientes esto resultaba intolerable.



Staunton

Así, el irritable Staunton, cansado de esperar, abandona de súbito su partida contra Williams declarando con altanería: "No admito la lentitud de la mediocridad".

Anderssen bate sucesivamente a Szen, Wyvill y Staunton, arrebatandole a este último el título oficioso de mejor jugador del mundo.


Paulsen 

La victoria de Anderssen

En 1862 introduce dos novedades. Se acaba la eliminación directa: los torneos ya no se organizaran por ronda, sino que cada jugador debe enfrentarse a los demás participantes al menos una vez.

En Londres se concede un punto por victoria, las partidas tablas no cuentan. Otra innovación, todavía más importante: se limita el tiempo de reflexión.

Los relojes de arena garantizan que los jugadores no tarden más de 2 horas en realizar 20 movimientos.

Anderssen es un jugador rápido, no se ve afectado por las nuevas condicionesw y se impone por dos puntos de ventaja sobre Paulsen. Los siguen Jhon Owen, George MacDonell, el italiano Serafino Dubois, un austríaco de nombre Wilhelm Steinitz y el inglés Thomas Barnes.


La época sigue marcada por el juego de ataque, y la victoria de Anderssen lo confirma. Pero la llegada de nuevos jugadores trae consigo estilos e ideas diferentes.

En el caso de Morphy ya se había percibido cierta paciencia en la organización de las ofensivas. Con su máxima: "Ayuden a sus piezas para que sus piezas los ayuden". Así, con Morphy y otros se esbozan los principios del juego; aunque no sean guías fiables en cualquier situación, sirven para la mayoría de los casos.

El juego prudente de Paulsen empieza a considerarse con más respeto. Sus maniobras defensivas cada vez estan mejor elaboradas y, en este torneo de Londres de 1862, muchos jugadores se estrellaron contra sus "murallas", lo que le valió un meritorio segundo lugar.







1857 Paulsen vs Morphy




La naturalidad para desarrollar las piezas en la apertura y conducir con sencillez las partidas, su alto concepto del juego posicional, su fina habilidad para defenderse, su capacidad para atacar en el momento preciso, así como su facilidad para jugar los finales, son una caracteristica de Morphy.




La Reina Victoria vs Pául



En el Café de la RégencePierre Saint-Charles Fournier 
Amant VS Stauton




Morphy el Café de la Régence 
en Paris VS 8 maestros

4 de febrero de 1863. una respuesta a Fiske en relación con una invitación a Morphy por el Club de Ajedrez de Viena:

Mi querido Fiske

Espero entienda la tardanza en mi respuesta.

Lamento decir que no esta a mi alcance salir de París en la actualidad. Estoy aquí con mi cuñado y parte de mi familia, y el resto de la misma se encuentra en Nueva Orleáns. Todos estamos siguiendo con gran ansiedad los acontecimientos y los grandes conflictos de una guerra civil. Me siento poco dispuesto a participar en la contienda de ajedrez. Además, recordará que hace más de dos años, le hice saber a usted en Nueva York, mi firme determinación de abandonar el ajedrez por completo. El tiempo dedicado al ajedrez es, literalmente, desperdiciado. Es, sin duda, un deporte emocionante, pero es sólo un deporte.

No es de extrañar que, quien han sido un adicto apasionado de este pasatiempo encantador Un día no se pregunte; si la razón no aconseja su abandono total. Tengo, por mi parte, resuelto no trasladarme con el propósito de jugar al ajedrez. Los pocos juegos que he practicado han sido en privado. 


Morphy.





Hazañas y triunfos de Paul Morphy en Europa
Libro escrito por Frederick Milnes Edge.Dar clic en el libro



La bandeja  y la jara de plata que 
Morphy gano en el congreso de ajedrez




El Reloj. En Boston a su regreso de la gira por Europa le dieron a Morphy como regalo un bello reloj que en vez de números romanos tenia las piezas de ajedrez Años más tarde, cuando vivía en París durante la Guerra Civil, Morphy tuvo que empeñar su reloj en $200 cuando se encontró pobre y sin fondos


El 28 de mayo de 1859 el Club de Ajedrez de Nueva York ofreció un banquete de bienvenida a Paul Morphy, quien acababa de regresar de la triunfal gira europea que le había coronado como el mejor jugador del mundo. En el transcurso del banquete, los organizadores obsequiaron a Morphy con un reloj manufacturado por la American Watch Company y un tablero de ajedrez con sus correspondientes trebejos. 


El reloj estaba grabado en su exterior con las armas de los Estados Unidos y un monograma con las iniciales P.M. La esfera presentaba unas miniaturas de piezas de ajedrez que sustituían a los números habituales realizadas por dos pintores ingleses especializados en estos menesteres, los hermanos John y George Webb, según cuenta D. E. Keeler en En Passant.

Poco tiempo después de su regreso a Estados Unidos, Morphy, que ya estaba dando muestras de insania, se vio envuelto en costosos procesos legales y tuvo que empeñar sus objetos personales, entre ellos el reloj, para conseguir fondos.

Rivière afirmaba que Morphy se lo había dejado en depósito a cambio de una gran cantidad de dinero y que nunca lo había rescatado. En 1921, todavía estaba en posesión de los herederos de Rivière pero a partir de aquí se pierde la pista. Años después, apareció la esfera, sin que se sepa muy bien cómo, que hoy en día se exhibe en la Academia de Ciencias de San Francisco.


Frederick Edge salio de Paris, dejando a Paúl Morphy solo.
Muy poco se sabe sobre la vida personal de Frederick Edge . Después de su relación con Morphy, no ejerció más el periodismo. Siempre fue servicial a Morphy, le atendía en la salud y la enfermedad, ayudando a su correspondencia, e incluso servir como su ayudante de cámara. No se conocen sus actividades posteriores. Murió dos años antes que Morphy.

Se conoce una carta que escribió Edge, donde menciona que si no hubiese sido por él, no se hubieran rescatado las partidas de Morphy, su correspondencia con Staunton. Cuenta: me he encontrado siempre entre él y sus enemigos, apartandolo de las conspiraciones que han sido muchas y peligrosas en los salones de Paris. Agrega que nunca ha habido un hombre que haya servido a otro tan devotamente como él. Me Por Paul me ovidé de mi esposa. Lo acompañe a París. Entre mi y mi familaa levante una barrera de frialdad. Yo no soy un jugador de ajedrez, no tengo nada que esperar de Morphy. Voy a estar con Morphy hasta que abandone Europa. Continua: La pereza de Morphy es tremenda, si fuera por mi se habrían perdido en el olvido todos sus actos. He tomado centenares de cartas de sus bolsillos y respondido a todas. Lo he atendido cuando ha caído enfermo, llevandolo en mis brazos como a un niño. Yo he sido un amante, un hermano, una madre para él, lo he hecho un ídolo, un dios. Morphy es todo, es Alfa y Omega, el principio y el fin; todo lo que es grande, magnánimo, verdadero, noble y sublime. Morphy y no abrirá estas paginas páginas sin sonrojarse… sin suspirar.

Anderssen se enfrento a en un match con el jugador profesional Daniel Harrwitz. A consecuencia de este encuentro y a su reputación en general, recibió una invitación para ser el representante alemán en el primer torneo internacional de la historia, Londres 1851 en el que tomarían parte los principales maestros del mundo.

Anderssen no estaba muy convencido de aceptar la invitación, ya que los costos del viaje eran demasiado altos para su limitado presupuesto. Sin embargo, Howard Staunton se ofreció a pagarle los gastos del viaje en caso de que no obtuviera ningún premio.

Ante esta generosa oferta, Anderssen decidió asistir. Venció a Lionel Kieseritzky, József Szén, el propio Staunton, y a Marmaduke Wyvill, ganando el torneo.

También es recordado por dos célebres partidas amistosas en las que venció mediante combinaciones que involucraron grandes sacrificios de piezas. En la primera, llamada la "Inmortal", conduciendo las blancas contra Lionel Kieseritzkyen Londres en 1851, sacrificó un alfil, las dos torres y finalmente la dama. En la segunda partida, llevada a cabo en Berlín en 1852, con las blancas ante Jean Dufresne, el sacrificio de piezas fue más modesto, pero más elegante. Fue bautizada la "Siempreviva" por Steinitz. Tres años después de ser derrotado por Morphy.


En Europa predominaba un juego romantico cuando morphy se presento a retar a los jugadores tanto ingleses como franceses Paúl jugaba la luz de la razón, con imaginación y lógica Los gambitos dominaban en la epoca de Morphy

Se dio cuenta de la importancia de los tiempos en la apertura. Fue suyo el arte del avance central, con el sacrificio de un peón Formuló el concepto de defensa activa y demuestro cómo el ataque en flancos podía ser refutado con contrajuego.

En febrero de 1859, antes que Morphy regresara a los Estados Unidos, el Club de ajedrez de Nueva York comenzó una suscripción y pidió donaciones para la compra de un ajedrez hecho de oro y plata por Tiffany. Las piezas fueron hechas con oro macizo, que representaba a los romanos y los bárbaros fueron de plata. El conjunto fue fabricado originalmente para su presentación en la exposición de Crystal Palace en 1851. El valor del conjunto superó a $1.500 ( más $35.000 hoy). El tablero de ajedrez fue construido con perlas y ébano e incrustaciones de plata.

Morphy no tuvo suerte tras su retirada. Cuando se disponía finalmente a empezar a ejercer como abogado, estalló la Guerra Civil norteamericana, lo cual retrasó varios años su establecimiento profesional. Su familia se exilió y él hizo algunos viajes hasta que terminó el conflicto. Pero después de la guerra tampoco consiguió el éxito en la abogacía. La gente seguía considerándole sólo un ajedrecista y su tremenda fama pesaba tanto sobre él que incluso había clientes que le contrataban sólo para hablarle de ajedrez, algo que a Morphy le mortificaba. Nadie le tomó en serio como abogado. Seguía siendo Paul Morphy, el “campeón del mundo”.










Morphy en Cuba



Pául vs el Campeón cubano Félix Sicre




La ilustración tiene el título "Soirée" de JUGADORES de ajedrez, en casa del Sr. D. Francisco Fesser (Habana), El 17 de Octubre de 1862, con los jugadores identificados como "A. Medina, el Sr. Paul Morphy, F. Fesser, F. Sicre, B. Dubouchet, G. Toscano.

Morphy quiere casarse. Él piensa perpetuamente en tener aventuras amorosas. Toda la gente en Nueva Orleans lo conocemos, es de escaso humor. Eso sí, él es un caballero.

Pero si el mira una cara extraña en la calle que le agrade, usted lo verá levantar su sombrero y darle un saludo.

A veces alguna dama se detiene amablemente y habla con él o le sonrie al pasar. Entonces él la sigue a una distancia prudente y cuando ella entra a su hogar, el saca su cuaderno de notas y escribi la dirección de la dama en cuestión.

El lamenta no estar casado y mi me parece que esa seria su cura, al igual que en mi propio caso Asi el podria jugar al ajedrez de nuevo con determinación. -W. Steinitz-


Wilhem Steinitz, que se había convertido en el jugador dominante a nivel mundial gracias a su estilo revolucionario — Steintizfue el creador del ajedrez moderno— se negó a aceptar el título de campeón del mundo mientras Paul Morphy estuvo vivo, sin importar que Morphy estuviese definitivamente alejado de la competición. Steinitz decía que no podía aceptar ser considerado el mejor mientras Morphy estuviese sobre la faz de la Tierra. Viajó a los Estados Unidos para conocer a Morphy y pudo hablar con él con la única condición de que el ajedrez no fuese mencionado. Sólo cuando Morphy murió —un año después de aquella conversación— accedió Steinitz a convertirse en el primer campeón mundial reconocido oficialmente. Hasta tal punto había causado impresión el paso de Morphy por el ajedrez.








El "Morphy Vienes"Se declaró a sí mismo Campeón del Mundo en 1866, tras ganar al genial Anderssen y defendió con éxito el título contra cuatro grandes jugadores: Zukertort (1886), Chigorin (1889 y 1892) y Gunsberg (1891) y finalmente, cayó ante Emmanuel Lasker (1894).








"Paul Morphy, el joven norteamericano que hace ya más de un siglo asombrara al mundo con sus hazañas ajedrecísticas, incorporó a la escuela romántica imperante en su tiempo un nuevo concepto en la valoración de la partida: el desarrollo. El eje teórico de sus ideas frente al tablero gira alrededor del previo desarrollo como finalidad inicial de la lucha. Articulando este concepto a sus formidables dotes combinativas, Morphy dominó toda una época con su juego brillante, bello y, al mismo tiempo, sencillo y eficaz." B.López.

"La carrera de Morphy marca una gran época en la historia de nuestro juego y un estudio cuidadoso de sus partidas será siempre esencial para adquirir un conocimiento completo del ataque directo contra el rey, que constituye el elemento más importante de la maestría de nuestra ciencia." Wilhelm Steinitz.

"¡Cuánta más vívida y más rica se nos aparece la figura de Morphy, cuánto más claro es el secreto de su éxito, si nos trasladamos a la época en que vivió y creó, si nos tomamos la molestia de estudiar, siquiera un poco, a sus contemporáneos! Sigamos su paso por Londres y, sobre todo por París, donde las tradiciones de Philidor seguían vivas, donde las inmortales creaciones de Labourdonnais y McDonnell permanecen en nuestra memoria, en un tiempo, en fin, en el que seguía vivo Anderssen, y en el que sólo con brillantez apenas podía sorprenderse a nadie. La fuerza, la invencible fuerza de Morphy, ésa fue la razón de su éxito y la garantía de su inmortalidad." Alexander Alekhine.

"En Paul Morphy se reencarnó el espíritu de Labourdonnais, en forma aún más fuerte, firme y orgullosa. Morphy descubrió que la brillante jugada del maestro está, en esencia, condicionada no por una repentina e inexplicable iluminación, sino por la situación de las piezas en el tablero. Introdujo la regla según la cual las jugadas brillantes y las profundas maniobras ganadoras sólo son posibles en aquellas posiciones en las que al rival puede oponérsele un exceso de energía activa. Desde las primeras jugadas, Morphy trataba de poner de manifiesto la energía interna contenida en sus piezas. Lo cierto es que, de repente, sus piezas poseían mucho mayor dinamismo que las fuerzas enemigas." E.Lasker.

"Al revisar la historia del ajedrez, desde Labourdonnais hasta los maestros actuales, como Lasker, descubrimos que el mayor estilista fue Morphy. No buscaba combinaciones complicadas, pero tampoco las evitaba, lo que es la forma correcta de jugar. Su principal fuerza la constituye no su habilidad combinativa, sino su juego posicional y su estilo. Morphy lograba la mayoría de sus victorias jugando de forma simple y directa, y este método sencillo y lógico es lo que constituye la verdadera brillantez de su juego, al menos si lo consideramos desde el punto de vista de los grandes maestros." José Raúl Capablanca.



Principales torneos y matches de Morphy



1857-Primer Congreso Americano de Ajedrez (Nueva York). En las fases previas sólo empató una partida.

En la final venció a Paulsen (cinco triunfos, una derrota y dos tablas)

.1858-Encuentro contra Lowental (Londres): nueve victorias, tres reveses y tres empates.

1858-Encuentro contra Owen (Londres): cinco ganadas, 0 perdidas y dos tablas.

1858-Encuentro contra Harrwitz (París): cinco éxitos, 2 descalabros y una igualada.

1858-Encuentro contra Anderssen (París): siete victorias, dos perdidas y dos empates.

1859-Encuentro contra Mongredien (París): siete ganadas, 0 perdidas y una tablas.



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